HECHICERAS DEL SIGLO XXI

Escuchar que un proyecto de emprendimiento se titula D’Brujas ciertamente genera confusión sobre a qué responde. La historia de este negocio es un viaje en el que la voluntad y el deseo de hacer algo bueno y útil, se impusieron.  “Tenía la certeza de que quería hacer jabones artesanales y pensé ese nombre por eso de que las brujas hacen pociones mágicas con ingredientes naturales, te enamoran, tienen el poder de regenerarse, de transformarse, y eso es lo que quería lograr con el producto”, cuenta a Negolution Sandra Aldama, directora del proyecto.

Desde el espacio donde sucede toda la magia, su taller, estas hechiceras del siglo XXI preparan sus pócimas: jabones de una calidad increíble, perfumados con las más insospechadas combinaciones de productos naturales. Hace aproximadamente siete años, Sandra dio los primeros pasos por el camino que la llevaría al éxito. Luego de incursionar en la peluquería, esta joven defectóloga aprovechó la coyuntura de la aprobación del trabajo por cuenta propia y decidió hacer algo novedoso: elaborar jabones con métodos e ingredientes orgánicos. Con la asesoría de su abuela paterna, una economista apasionada de la cosmética, comenzó a explorar la posibilidad de crear algo relacionado con el mundo de la belleza. “Me di a la tarea de buscar algo novedoso en Cuba”, comenta la joven emprendedora. Luego de dos años estudiando las técnicas para hacer jabón artesanal a nivel internacional, en el año 2013 se inscribió en Cuba Emprende para montar un negocio similar en el país. Con la clara voluntad de montar su negocio, cuenta que empezó a elaborar los jabones inicialmente en su casa y a comercializarlos con la ayuda de su amiga Eyleen, quien actualmente está al frente de la tienda. Así, vendiendo el producto casi de puerta en puerta, surgió D’Brujas.

Jabones para todos los gustos

Trabajar con ingredientes completamente naturales es la premisa fundamental del proyecto. “No utilizamos ningún tipo de químico, solo una base de jabón neutro que enriquecemos con ingredientes naturales”, aclara Sandra. Sin duda alguna, la joven domina las técnicas de hacer jabón. Los suyos normalmente llevan aceite de coco, e incluso de oliva y almendras. Además, le añaden elementos de disímiles orígenes, como miel, manzanilla, caléndula, romero y avena, formando combinaciones irresistibles. Cautivan los maridajes de café y eucalipto, albahaca y caña santa, salvia con menta,  zeolita y árbol de té, y productos foráneos como arcilla rosa y lavanda, entre  otros. Los resultados se agrupan en tres líneas fundamentales: una aromática, una para pieles sensibles y otra línea de jabones esenciales. Aunque D’Brujas este 2018 cumple cinco años, desde hace tres su crecimiento se impulsó al cambiar el punto de venta a los Almacenes de San José en la Avenida del Puerto habanero, lo que supuso todo un reto para las jóvenes emprendedoras.

“Nosotras tenemos el concepto de que sea un lugar no solo para vender, sino un espacio donde los clientes pueden relajarse, en contraste con la dinámica agitada de la feria”, aclara. El primer año, el público de D’Brujas era netamente cubano, a pesar de ser productos más conocidos en el extranjero. Según señala Sandra, esto sucedía por el desconocimiento de que en Cuba se hacen también jabones  naturales. Aun así, a solo dos meses de abrir la tienda en los Almacenes, las ventas se triplicaron. Hay mucha afluencia de público foráneo y el hecho de que tengamos un producto diferente es bueno para nosotras”. Sin embargo, los jabones están pensados para todo tipo de público; el proyecto no depende del turismo para subsistir.

Bienvenidas las mujeres

Actualmente los jabones artesanales de D’Brujas son elaborados por ocho trabajadoras, de las cuales siete tienen hijos. Sandra es una de ellas, razón que la motivó a crear un negocio por cuenta propia que, además de ser lucrativo, le permitiera ser su propia jefa, administrar sus horarios y atender a la familia. “Ser mujer no es un requisito para trabajar en Brujas, solo que es un estilo de trabajo más atractivo para nosotras”, agrega. La delicadeza del trabajo de la mujer se nota en cada jabón que producen; desde su forma hasta en el  empaquetado está la huella de las féminas. Por su parte, el trabajo por cuenta propia les ha permitido crear alianzas con otras iniciativas privadas, a fin de agregar valor al producto terminado. Tal es el caso de las bolsas y cajitas que produce el Taller d2, de manualidades y diseño, y la colaboración con la artesana Asela Hidalgo, que trabaja la cestería, entre otras. Así mismo, los hostales se han convertido en nuevos clientes. “Comenzamos con “La gárgola” y a medida que se ha ido conociendo el proyecto de personalizar jabones para la hostelería, ya trabajamos con catorce de estos negocios”, comenta Sandra y agrega que “está línea de trabajo ha ayudado mucho a D’Brujas con las ventas, además de que nos dan la posibilidad de crear y salir de las producciones habituales”.

El encanto de D’Brujas

El amor con el que trabajan Sandra y su equipo es sin dudas la clave de su éxito. Preguntarle hacia dónde quieren ir con el negocio, hace intensificar en ella esa luz que probablemente la iluminó cuando lo pensó por primera vez. “Llegar a todo el territorio nacional”, responde, “tenemos un país al cual venderle y estamos solamente en La Habana”; aunque aclara que no son metas inmediatas. “Me encantaría tener un lugar para cultivar plantas medicinales, las mismas con las que trabajamos, y unificar el taller con un punto de venta. Un lugar más bien de encuentro, de aprendizaje”. Ojalá así las condiciones lo permitan. Voluntad y ganas de hacer no faltan a este equipo de mujeres, a quienes no se les borra la sonrisa ante la satisfacción de haber cumplido sus sueños y hacer algo que las personas disfrutan.

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