En el arte son importantes las oportunidades, pero el arte es trabajo y las oportunidades tienen que sorprenderte trabajando.

Jorge Perugorría es uno de los actores más reconocidos tanto en Cuba como en el extranjero. Su interpretación de Diego en la película Fresa y Chocolate, nominada al Oscar en el año 1994, lo lanzó a la fama.

Fresa y Chocolate, de los realizadores Tomás Gutiérrez Alea, Titón, y Juan Carlos Tabío fue casi que mi primera obra en la cinematografía cubana, una oportunidad que agradeceré el resto de mi vida porque permitió que se me abrieran las puertas del cine, tanto en Cuba como en el extranjero”, dijo en nuestra revista el Pichi, como es conocido entre sus colegas y amigos.

Pero la fama cuesta y eso es algo que supo desde el principio. Cada obra posterior llevaba el reto de hacerla mejor, no podían existir fallos. La parada estaba muy alta, por eso después de esta película se tuvo que esmerar, porque el público siempre esperaba más de él.

Ya son 25 años de trabajo en los que ha hecho más de 60 películas y aunque no todas han alcanzado la cumbre en el séptimo arte, Perugorría ha sido protagonista de algunas de las más prestigiosas cintas cubanas y extranjeras.

“Son muchos años de carrera. Hay películas con las que estoy satisfecho, otras que hubiera hecho mejor y otras en las que no hubiese participado. Pero siempre digo que hasta las malas películas merecen que se apueste por ellas porque al final uno siempre las hace con la misma pasión. No se puede esperar esa película maravillosa en la que el guion te enamore, también hay que correr riesgos y apostar por la ópera prima de un joven realizador, porque al final el cine siempre te sorprende”, confesó.

Y casi que como filosofía de vida tiene el trabajo diario. Según el afamado actor, en el arte también son importantes las oportunidades. El arte también es trabajo y las oportunidades tienen que sorprenderte trabajando.

“Hay artistas con talentos asombrosos, escritores fenomenales que han estado esperando la vida entera a que aparezca la historia genial para escribir una novela, realizadores con talento que andan con proyectos maravillosos bajo el brazo y que nunca han materializado nada. Todos ellos tienen intelectualmente la capacidad pero el arte es el resultado”, afirmó.

Después de una plática puntual pero enjundiosa, se imponía una pregunta: si tuviera que seleccionar uno de los personajes que ha representado, ¿cuál elegiría?

“El cine cubano; fue la respuesta a secas. Siempre estará en mi preferencia, porque me propone personajes que realmente me representan y a los que  creo, también he aportado desde mis experiencias. Hay muchos personajes que he hecho en Cuba que me han gustado, que me han marcado tanto en lo profesional como en lo personal…porque siempre seré Diego, pero también el Mario Conde de Leonardo Padura; uno de los últimos que hice. Siempre soñé con representar este personaje de Padura, uno de los más conocidos dentro de la Literatura Cubana, y lo conseguí en Cuatro Estaciones. Otros que siempre estarán en mi lista de preferidos son los de Lista de Espera, Miel para Ochún y Amor Vertical”.

El cine cubano llegó a estar entre los pilares de las productoras internacionales. Filmes con factoría nacional son referencia para el mundo de la cinematografía, por eso Jorge Perugorría, como tantos otros actores, siente orgullo por el cine que se ha hecho en su país.

“El Nuevo Cine Latinoamericano está en una transición que no culmina. En un inicio estuvo marcado por un poderoso Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) que llegó a producir diez películas al año, muchísimos documentales, animados y que contaba además con más recursos para invertir en la cultura que los que tiene ahora. Sin embargo, hoy el cine digital ha abaratado los costos y democratizado la producción, lo que ha permitido la proliferación de un cine independiente que no existía. Esta última etapa no ha cuajado en Cuba, pero eso va a pasar cuando se cree una nueva Ley de Cine acorde a los tiempos modernos, un período de transición de un cine hecho por las instituciones a un cine independiente. Todo eso tendrá que concretarse legalmente y hasta que no suceda, no se podrá hablar de otra etapa del cine cubano”.

Visiones como esas son validadas por la experiencia, no solo en la actuación y en la dirección sino como presidente del Festival Internacional de Cine de Gibara, en los últimos tres años.

“Gibara siempre es motivo de encuentro para actores, realizadores, productores; y esa es una de las razones fundamentales que tiene un festival, buscar nuevas maneras para seguir haciendo cine. En la XXIV edición, este 2018, la convocatoria estuvo abierta como es habitual para los jóvenes, porque siempre hay buena presencia de muchos realizadores noveles. Se ha mantenido el concepto de Humberto Solás de defender el cine pobre, por eso se sigue premiando en metálico la categoría de Cine en Construcción, para estimular los nuevos proyectos”.

“El cine, el teatro, la televisión, la actuación de forma general es un trabajo apasionante pero que requiere dedicación para hacerlo bien. Es una carrera dura y que muchas veces se hace en solitario porque las horas delante de un guión, el tiempo lejos de casa para realizar un rodaje, los compromisos internacionales, casi siempre alejan a la familia”.

Pero nuestro personaje ha tenido la suerte de tener a un equipo en casa que cuida la retaguardia. “Escogí una carrera que te exige mucho tiempo y responsabilidad, por eso es importante el apoyo de la familia. En mi caso ha sido genial. Siempre he contado con Elsita, mi compañera de toda la vida que me ha acompañado en este viaje, además están mis hijos que se han formado también en el mundo artístico”.

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