PASIÓN POR EL RIESGO DEL ARTE

Nacer en un hogar lleno de arte y crecer admirando cuadros y fotografías, dotaron a Cristina Figueroa Vives de una pasión sin límites por la cultura, de un respirar diferente cuando conversa sobre ella y unas ganas inmensas de crear algo atrayente y renovador en un universo en el que todo parece estar ya dicho.

“El respeto que posee se lo ha ganado por su aptitud, actitud, cultura, inteligencia y responsabilidad”, dice un artículo que encontré sobre esta joven y que la define muy bien, toda vez que se pone presión en cada tarea que ejecuta, desde la curaduría de arte, la promoción cultural, el trabajo en Casa de las Américas y la conducción de una de las más importantes y prestigiosas galerías independientes de arte de La Habana.  

Junto a sus padres, el reconocido fotógrafo José Alberto Figueroa y la curadora Cristina Vives, lleva las riendas del Estudio Figueroa-Vives, un proyecto familiar surgido a mitad de los años 90; de las ganas de contar historias propias y con el que convirtieron su casa en un espacio donde “descolgaron todos los muebles y colgaron obras, donde empezaron a invitar artistas, generar exposiciones, libros y conocimiento”, dice.

¿Cómo y por qué crean este proyecto de galería independiente? 

“Llegó un momento en el que nos dimos cuenta que llevábamos muchos años trabajando con el arte contemporáneo y sus creadores, haciendo investigaciones, exposiciones y proyectos dentro y fuera de Cuba, publicando libros, representando de alguna forma la obra de los artistas; todo eso sin definir ¿qué somos? Esto nos lo planteamos más formalmente en el 2014, pero sin forzar nada; es algo que ya existía y que decidimos darle un nombre, una coherencia”.

El Estudio está escondido dentro de una casa en El Vedado, ante lo cual Cristina confiesa que, a pesar de estar referenciados en las recomendaciones de museos y agencias de viajes culturales, “nos gusta la idea de que nos descubran, por eso seguimos así. A nivel arquitectónico esto es una casa, hasta la cocina funciona como tal, le ponemos obras de arte, pero es funcional. Esto es una experiencia, porque quienes nos visitan no están entrando a un negocio, sino a la realidad de unas personas que han dedicado su vida al arte”.    

¿Es posible ser emprendedor del arte en Cuba, fuera de las instituciones?

“Totalmente. La mayor prueba es que existimos y no somos los únicos. Hay otros proyectos que están apareciendo y creciendo, con otros cortes e intereses. Todo lo que surja debe ser diferente para cubrir esos vacíos que anteriormente estaban solo en manos de la institución, y ahora se han abierto de alguna forma. El emprendimiento todavía en nuestro campo es uno de los más difíciles, tenemos que lidiar con esos huecos de la ley que son los que nos permiten existir. A nuestro favor están la libertad creativa y los derechos del artista, porque ellos pueden comunicar lo que sea con su obra, exhibirla donde quieran, venderla; y esas leyes de protección al artista y al derecho de autor en el país también se aplican a nosotros; pero como es todo en Cuba, sin saber hasta dónde puedes llegar y arriesgando”.

¿Cómo valoras el crecimiento de este espacio? ¿Es posible hacerlo un negocio rentable?

“Muchas veces arte y rentabilidad no van parejas, porque para que sea rentable, o eres un artista que pinta lo que busca el mercado o uno que ha logrado insertarse sin traicionar sus valores; extremos muy difíciles. En nuestro caso trabajamos con mucho arte experimental, más complicado, de pensamiento, con mucha instalación y creadores que trabajan con materiales que luego se deshacen; entonces lo rentable no lo veo tanto desde el punto de vista económico como desde el prestigio que gana nuestro nombre, las colaboraciones con museos internacionales o aparecer en importantes diarios. Muchas veces el capital invertido en hacer una exposición sale de otros trabajos que hacemos, charlas o conferencias, de escribir textos o del derecho de curaduría; pero ese es el riesgo del arte”.

Dentro de Estudio Figueroa-Vives se busca que cada visitante se vaya con algo aprendido, entiendan los cuadros y fotografías que ven y la historia que tienen detrás, ya sea desde un análisis conceptual, sociopolítico, de contexto o de crítica, apropiándose de la agudeza de los creadores, quienes trabajan con la imagen del arte como manipulador de ideas.  

¿Cómo es hablar sobre Cuba en esta galería, a través de esas diferentes voces y estilos?

“Este estudio está formado por tres personas con criterios diferentes sobre el arte, y de alguna forma eso hace que cuando nos sentamos en familia a hacer tormenta de ideas, cada uno trae propuestas e intereses diversos; y los negociamos y colegiamos. Movernos en estas posiciones estilísticas y generacionales, provoca mucho más diálogo y confrontación, de la cual generalmente es de donde hemos sacado los mejores proyectos, porque cuando estamos todos de acuerdo, lo vemos demasiado fácil y nos lo volvemos a plantear”.

Dentro de tu crecimiento profesional ha estado la guía y el prestigio de tus padres, pero ¿qué has adquirido de ellos y qué has aportado totalmente tú en este camino?          

“Yo tengo un interés específico dentro del arte más contemporáneo que se nutre todo el tiempo de las nuevas tecnologías, de cómo vamos a poner a dialogar a un artista más clásico con otro más experimental, apostar por estos últimos, o hacer una exposición en un espacio tradicional con emprendedores que le aportan y representan a la cultura cubana. Tengo todo el legado de mis padres, pero les estoy poniendo en las manos la visión de futuro y también la seguridad de una continuidad, de que esto es un proyecto que siempre va a estar tocando con lo más novedoso”.

¿Qué le falta a Cristina para estar completa como emprendedora que apuesta por Cuba?

“Pienso que me falta mucho conocimiento, experiencia y más agallas, que vendrán con el tiempo, pero fundamentalmente tengo que seguir estudiando mi espacio, dónde estoy, qué es lo que puedo hacer, cómo puedo seguir ofreciendo algo nuevo, cómo hago que no nos consideren solo una galería de arte. Para mí la mayor satisfacción con este proyecto será cuando las personas digan cuánto han aprendido, que esto ha sido una experiencia totalmente diferente, enriquecedora y en donde han visto el arte cubano por primera vez”.       

Orgullosa de poder sembrar en su país y en su proyecto cada gota de conocimiento que adquiere fuera de fronteras, Cristina prefiere ser una cabeza de ratón siempre que tenga la oportunidad de explotar creativamente. Se dice una persona con muchas dudas y al mismo tiempo se plantea nuevos retos constantemente. No busca sentirse cómoda ni confortable en los espacios donde trabaja porque así, y esto le fascina, tiene que arriesgar mucho más.

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