Sovi: una solución didáctica, duradera y amigable con el entorno

El nacimiento de la niña Carolina aventuró a sus padres Yarelys Herrera y Daniel Hernández, creadores de la marca infantil Sovi, a la materialización de ese proyecto definido por sus juguetes y diseños propios conformados, en ocasiones, desde la experiencia de los clientes. 

Durante su interacción con otras familias en el grupo de WhatsApp denominado Bebé Capaz, una plataforma encaminada al intercambio de ideas, experiencias y estilos de vida sobre la crianza respetuosa, advirtieron la ausencia de herramientas para el estímulo temprano de los niños pequeños.

Bajo la pauta de dibujos en el sitio web Pinterest, Hernández creó rompecabezas de madera para Carolina, iniciativa que derivó en el impulso de ese emprendimiento, valorado por su enfoque instructivo y su énfasis en el desarrollo cognitivo durante la primera infancia.

Para Herrera, la directora ejecutiva de Sovi, el crecimiento de la marca radica en su especialización sobre el mundo empresarial y el vínculo con otros negocios y consumidores, si bien alude a la continuidad del estudio y el trabajo en el alcance de una empresa con una economía estable.

Además de los juguetes y juegos ecológicos y educativos, el proyecto brinda conocimientos y espacios con actividades destinadas al aprendizaje conjunto y tiene entre sus sellos distintivos la inclusión de personas de la tercera edad en la producción, como una alternativa viable de empleo.

“De esta manera contribuimos también al rescate de saberes y maneras de hacer, con el propósito de lograr un artículo final más duradero y amigable con el medio ambiente. El objetivo es la implementación de una economía circular que promueva la innovación y resiliencia de Sovi”, explicó.

En este sentido, ofertan cuatro líneas fundamentales: madera, impresa, colección en cerámica fría y tejidos, cada una muestra una variada gama de productos bien trazados para el desarrollo de habilidades y capacidades durante esa etapa de vida.

Sumado a ello, incorporan servicios como el de asesoría y acompañamiento en el momento de la selección del juguete, en dependencia de las necesidades o características del pequeño; y servicios de entrega a domicilio en cuatro puntos de La Habana: Guanabacoa, Habana Vieja, Arroyo Naranjo y Vedado.

“Usamos materiales biodegradables y no tóxicos para esas edades. La fabricación de cada uno de los artículos lleva una búsqueda bibliográfica actualizada y fundamentada científicamente, de ahí surgió nuestra más reciente línea de Juguetes Taggies, primera de su tipo en Cuba”, refirió.

Estas propuestas sensoriales, confeccionadas a partir de las habilidades como costura de su suegra Yolanda Piloto, se suman también a los talleres asociados al emprendimiento con actividades didácticas, servicio gratuito y oportunidades de acceso y participación a niños y niñas.

El nombre procede de la palabra rusa Sova cuyo significado es búho y, por añadidura, sabiduría. “Quisimos que fuera fácil de pronunciar y recordar, y nuestro imagotipo es una lechuza que abraza a su pequeñito, pues la compañía es una de las peculiaridades de Sovi”.

De acuerdo con Yarelys Herrera el negocio, surgido en el contexto de la pandemia de Covid-19, tuvo en cuenta entre sus estrategias iniciales el miedo, desespero y estrés de las familias respecto a los procederes en el aprendizaje de sus pequeños, desde el confinamiento en sus hogares.

“La situación actual nos ha permitido mayor interacción con el público. Hemos creado junto a la licenciada en educación Mauren Miranda el proyecto infantil Crece con Sovi, para brindar espacios de charla, intercambio y aprendizaje entre padres, instituciones y niños”, significó. 

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