Cada vez son más las emprendedoras que se unen para organizar ferias en diferentes punto de la ciudad. En diferentes plataformas y redes sociales se anuncian estos bazares, que por lo general duran días y reúnen a negocios con productos o intereses similares. Pero vale preguntarse, ¿después de los bazares, qué?
Para conocer lo que aportan estos eventos a las emprendedoras cubanas conversamos con las dueñas de algunos de los negocios que hace poco formaron parte del Bazar Mujeres que sirvió como reapertura a la Creperí Oasis Nelva, en pleno corazón de La Habana.
Veinte iniciativas pensadas y dirigidas por féminas ocuparon la tienda de jardinería de Oasis Nelva durante todo un fin de semana, convocadas por Carmen Moteagudo, coordinadora del proyecto Oasis. Todas tenían en común ser mujeres sororas, artesanas, creativas, comprometidas social y ambientalmente con el desarrollo local y el consumo de productos nacionales.
“La escalada es conectarnos más, y digo conectarnos más porque hemos descubierto muchos emprendimientos que durante el tiempo de pandemia se han ido colocando, y se han ido colocando muy bien, que lo han hecho con un buen estudio de mercado, con muy buena visualización, todos, o casi todos, bajo los principios de productos naturales”, dice Carmen.
Adriana Heredia, fundadora de la tienda afro Beyond Roots, asegura que estas oportunidades les permiten generar valor y dar visibilidad a las marcas locales.
“Todo parte de una motivación y es enseñarle a la gente el talento que hay en Cuba, nuestra forma de interpretar la moda y de mostrar los diferentes estilos que podemos llevar los cubanos. Para nosotros han sido muy importantes este tipo de espacios, precisamente, porque nos permiten deconstruir ese imaginario popular de que solo lo importado es bueno, y acerca muchísimo los productos que desarrollamos al público en general.
Es además un espacio tremendísimo para lograr alianzas entre diferentes emprendedores que abogamos por el consumo responsable, es entender de dónde sale lo que tú consumes, todo el proceso creativo y productivo que hay detrás, que dice un poco de la historia que los emprendedores queremos contar, pero también tiene un pedacito de cada uno de nosotros”, afirma.
Muchas de las colecciones que hoy promocionan los negocios de estas mujeres son el resultado de la colaboración nacida en estos bazares. Es esa la historia de los nuevos productos de Hilos de Vicky, según cuenta su dueña María Victoria Castaño.
“Nosotros no tenemos tienda física, trabajamos por el momento a través de las redes en una tienda virtual, y los bazares nos dan mucha retroalimentación, podemos hablar con nuestros clientes, pueden ver nuestros productos terminados, no solamente hacerlos por encargo, recibir todo ese feedback de ellos, disfrutar del calor del público y a la vez compartir con otros emprendedores para conocer sus experiencias, su forma de trabajar, nos da mucha retroalimentación.
Hemos creado alianzas, algunas ya venían de antes, otras las hemos creado aquí, trabajamos con Beyond Roots, con Agua de Marzo, tenemos una colección actualmente con Brava design, todas somos emprendedoras mujeres que de una forma muy orgánica y muy sorora, hemos constituido alianzas a partir de las cuales han salido nuevas colecciones”.
Para quienes como Evelyn Armada, creadora de Eve corazón de Melón, han desarrollado su negocio desde el hogar, los bazares son sumamente importantes.
“El apoyo entre emprendedoras y emprendedores ha sido fundamental para el desarrollo de la economía y el desarrollo local, que tenemos por ejemplo aquí en La Habana. Hay muchas colaboraciones con negocios fuera de la capital, pero aquí el apoyo ha sido muy grande, tenemos muchachas muy jóvenes que se han adaptado a este tipo de eventos y al trabajo en colaboración, y eso me ha parecido sumamente importante: el apoyo. Los bazares se han convertido en una oportunidad para unir a personas que se desconocían, y ha sido muy bonita la unión y la aceptación”.
Pero más allá de las alianzas y estrategias, ¿cuán complejo es para ellas mantener su negocio en el contexto económico actual de la isla?
“Del 1 al 10, 15”, asegura Cintia. “Realmente es un contexto en el que solo te salva las ganas de avanzar y de impulsar tu vida privada, y de aportar de alguna manera a la sociedad, de mostrar un producto diferente, de llevar una nueva visión de la atención al cliente, de cómo prestar un servicio, de cómo presentar un producto. Por tema materias primas, los costos, todo el tema que hay con la dualidad de las monedas, realmente es bastante complejo. Por suerte tenemos un público que de un tiempo a acá ha reconocido el valor de las marcas locales y nos ha servido de mucha ayuda. Hace 5 años no contábamos con un cariño hacia las marcas locales como el que tenemos ahora”.
“Es súper complejo, yo creo que el componente de innovación y creatividad tiene que estar presente en cada uno de los emprendedores. Estamos en un contexto donde la escasez de insumos abunda. Por ejemplo, en el caso nuestro que trabajamos con tejidos africanos se nos torna extremadamente complejo, pero es lo que nos ha llevado a pensar un poco fuera de la caja. Tenemos poquísimo material pues pensemos entonces en diseños que consuman menos tela, pero también pensemos en otros productos utilitarios que puedan hacerse utilizando los retazos de tela que quedan del proceso productivo”, afirma por su parte Adriana.
“En el emprendimiento como tal hay muchos retos, y siendo mujer se nos hace un poco más complicado, creo que necesitamos todavía muchísima más visibilidad. Necesitamos espacios donde se creen este tipo de bazares, donde recibamos más apoyo de otras personas que no sean emprendedores, y que tengan la posibilidad de apoyarnos para salir adelante”, asegura Vicky.
Aretes hechos de materiales reutilizados, macetas, productos de cosmética natural, alimentos sin conservantes, ropas y accesorios que defienden las raíces afrocubanas, todos provienen de negocios comprometidos con el medio ambiente y el desarrollo local, impulsados por féminas. Mujeres empoderadas que desde la resiliencia y la colaboración, apuestan por el consumo de productos nacionales.