¿Cómo repercutirán las nuevas medidas económicas anunciadas en Cuba?

Desde diciembre de 2023, las autoridades cubanas anunciaron para el presente año la aplicación paulatina de un programa de estabilización macroeconómica encaminado a revertir la difícil situación de la economía interna, alcanzar el crecimiento del PIB y mitigar el impacto de la política estadounidense.

Estas consisten, en su primera etapa, en el aumento en 500% del precio de los combustibles en la red minorista, establecidos a partir de las cotizaciones internacionales en dólar estadounidense y de la tasa oficial de cambio en la mayor de las Antillas de 1usd x 120 pesos cubanos.

Asimismo, comprende un incremento en 25% del gas licuado y de la tarifa eléctrica en el sector residencial para consumidores que superen los 500 kv/h; igualmente, subirá el costo de los pasajes de ómnibus, trenes y aviones interprovinciales, desde el venidero 1 de marzo.

Estas disposiciones, a juicio de Antonio Romero, doctor en Ciencias Económicas y profesor titular del Centro de Investigaciones de Economía Internacional (CIEI) de la Universidad de La Habana, inciden sobre desequilibrios presentes cuya expresión más visible es la alta cifra inflacionaria, estimada actualmente en 30%.

Ello implica, indicó a Negolution, la adopción de un conjunto de acciones, entre ellas, la rebaja del déficit del presupuesto, que se logra de dos maneras: con un aumento del presupuesto, muy difícil a corto plazo y en condiciones de crisis económica, y/o la disminución de los gastos.

De acuerdo con el académico, este tipo de estrategias comprende, en un primer momento, un significativo plan para reajustar los gastos, entre ellos, la reducción de los subsidios estatales—parte importante de la carga fiscal del gobierno cubano— y el incremento de determinadas tarifas como la eléctrica y de los combustibles.

Para Romero son muchos los componentes de una estrategia de este tipo encaminada a la reducción de los desequilibrios, expresados en las enormes diferencias entre las curvas de oferta y demanda.

De ahí que, además de la disminución del déficit del presupuesto del Estado es crucial el incremento de la oferta con mecanismos de fomento a la producción de bienes y servicios, y el incentivo a la inversión de capital foráneo y a la creación de valores.

De acuerdo con el profesor titular Luis René Fernández Tabío, las medidas deben ser acompañadas también por acciones en la esfera financiera y productiva, “que estimulen verdaderamente la economía, pues como sistema, el cambio en una de sus partes genera efectos en las otros”.

Lo primero, a juicio del economista, es intentar resolver la actual situación inflacionaria (ubicada en 30%) y salir de la actual crisis, “no solo se trata de redistribuir el presupuesto sino ganar en eficiencia y estimular, facilitar y propiciar las inversiones internas y externas, a partir de la eliminación de los obstáculos”.

Para ello es preciso “un uso más racional del mismo, mediante la eliminación de las holguras, los gastos innecesarios en estructuras burocráticas, administrativas e improductivas. Es inaceptable que las empresas que, por su naturaleza deben aportar al presupuesto, deban financiarse con los escasos ingresos de otras fuentes”

No obstante, apuntó, el riesgo de las medidas que comenzarán su aplicación el venidero mes de febrero radica en la afectación a los estratos de menos ingresos en la sociedad, entre ellos empleados públicos y pensionados.

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