En un ecosistema empresarial donde el éxito suele medirse por la velocidad de crecimiento y la frialdad de los balances, existen proyectos que nacen de una urgencia mucho más profunda: la de sobrevivir emocionalmente. Alma Viva es uno de esos espacios que desafía la lógica tradicional del mercado para proponer algo que hoy parece un lujo, pero que es una necesidad básica: un lugar donde ser real. La iniciativa, liderada por Dayana Hernández, es el resultado de transformar una crisis personal en una herramienta de bienestar colectivo para mujeres y parejas que buscan reconectar en medio del ruido cotidiano.
La trayectoria de Dayana no siempre estuvo ligada a la introspección silenciosa. Durante años, su vida profesional transcurrió entre el dinamismo del sector turístico y la gestión de grandes celebraciones como directora de Caribodas & Events. Sin embargo, tras un periodo de intensos cambios personales y una maternidad atravesada en soledad —acentuada por la emigración de sus redes de apoyo—, se encontró en una vulnerabilidad que pocos se atreven a verbalizar. Ante la ausencia de un espacio que le permitiera dejar de lado la armadura de “mujer fuerte” para hablar del dolor con honestidad, tomó la determinación de fundar su propia plataforma de contención.
Lo que hoy conocemos como Alma Viva es una mezcla orgánica de la experiencia logística de su fundadora y una sensibilidad nueva hacia la salud emocional. El proyecto se materializa en retiros realizados en entornos naturales y talleres mensuales urbanos que combinan la educación emocional con el autocuidado y la creatividad. Estos encuentros no se limitan a la distracción o al ocio; son convocatorias diseñadas para enfrentar el dolor y transformarlo. En el caso de los retiros para parejas, la propuesta se aleja de la típica escapada romántica para enfocarse en la reconstrucción de la conexión profunda, alejando a los participantes de la rutina para que vuelvan a mirarse con atención.
La estrategia de crecimiento de este emprendimiento no se detiene en la organización de eventos. La visión a largo plazo contempla la creación de una comunidad sólida que integre a profesionales del bienestar, psicólogos y especialistas en desarrollo personal. El objetivo es proporcionar herramientas tangibles, especialmente para las madres y mujeres emprendedoras que enfrentan altas cargas de presión social y profesional. Alma Viva aspira a ser ese puente donde el crecimiento laboral no obligue a sacrificar la salud mental, fomentando un networking que sea, ante todo, humano.
Más allá de nuestras fronteras, Dayana identifica una oportunidad latente para el país: el turismo de bienestar. La propuesta busca posicionar a Cuba no solo como un destino de sol, playa y cultura, sino como un escenario idóneo para retiros espirituales y programas de transformación personal en alianza con agencias internacionales. De esta forma, Alma Viva trasciende la categoría de emprendimiento local para proponer una nueva forma de viajar, donde el destino final no es un lugar geográfico, sino el encuentro con uno mismo.
En última instancia, este proyecto nos recuerda que detenerse es, en muchas ocasiones, la forma más inteligente de avanzar. Alma Viva no ofrece fórmulas mágicas, sino el silencio y la conversación necesaria para que las personas bajen la guardia. Como bien señala su creadora, se trata de dedicar tiempo a las cuestiones del espíritu en un mundo obsesionado con lo material, demostrando que emprender desde la vulnerabilidad puede ser, también, un acto de extraordinaria valentía empresarial.