Clases de baile para adultos mayores: "ellos simplemente fluyen y el resultado es asombroso"
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Por Danay Galletti Hernández
La compañía de danza Lizt Alfonso Dance Cuba organiza periódicamente clases de baile destinadas a los adultos mayores y cuya inspiración fue la muestra Abuelas y abuelos prestados de la artista Monic Molinet, desarrollada en Malecón Art 255, un espacio que fusiona el arte, la instrucción y el entretenimiento.
De acuerdo con la coreógrafa, directora y pedagoga Lizt Alfonso esta exposición constituyó “una verdadera provocación al amor por los demás: creó un universo de abuelos que no eran suyos y, sin embargo, los hizo propios; eso me conmovió profundamente”.
Fue entonces cuando la artista decidió incluir, como una actividad colateral a esa exhibición, una clase de baile para abuelos. “Lo que empezó como un encuentro puntual pasó a ser una clase mensual y hoy es un espacio semanal”, si bien realizan una pausa de junio a septiembre por el calor y las actividades de la compañía.
A su juicio, más que una clase de baile, esta iniciativa resulta “un espacio de bienestar integral donde utilizamos la danza, la música, los recuerdos y las relaciones humanas como herramientas para sentirse bien emocional y mentalmente”.
Alfonso explicó a Negolution que durante los encuentros no se enseña un baile en específico, más bien “ellos simplemente fluyen, y el resultado es asombroso”. En este sentido, agregó, que cada intercambio se construye a partir de una playlist cuidadosamente seleccionada con la música de diferentes épocas.
Agregó que la música implica el movimiento de forma natural, “comenzamos con “Gozar la vida”, de Julio Iglesias, para activar suavemente el cuerpo y la mente; seguimos con Benny Moré y Bonito y sabroso, donde aparece el mambo; luego Michael Jackson con Billie Jean, evocando un pasado más reciente”.
Completan el listado Fiesta, de Rafaella Carrá “que intentamos imitar con alegría, y Los Zafiros con La caminadora, que nos lleva a la conga, entre muchos otros hasta completar una hora; además, cantamos casi todas las canciones, lo que activa la memoria, la voz y la resistencia física. Yo lo llamo nuestro momento de karaoke”.
Para la directora de Lizt Alfonso Dance Cuba cada sesión es distinta y funciona como un viaje emocional que conecta recuerdos y genera nuevas vivencias en “ese espacio tan especial frente al malecón habanero; durante esa hora, ocurre algo difícil de explicar, pero muy real”.
“Nos ejercitamos, compartimos risas y lágrimas, rendimos homenaje a artistas que amamos y el mundo se vuelve un lugar mejor Cerramos siempre con ejercicios de respiración y un momento de gratitud por la vida. Durante esa hora, somos profundamente felices”, refirió.
Al comienzo, los concurrentes eran alrededor de 40 personas, actualmente son más de 200, si bien no todos pueden asistir siempre por las complejidades del escenario actual en la mayor de las Antillas.
“He visto transformaciones muy conmovedoras. Participan personas que atraviesan problemas de salud o han sufrido pérdidas, y este espacio les ayuda a reactivar la energía, las ganas de vivir y la fortaleza para seguir adelante. Todos llegan con ilusión y se marchan felices, esperando el próximo encuentro. “, puntualizó.
También, en su opinión, hay historias que resumen el espíritu del proyecto: “el abuelo que llega con su esposa y ella participa desde una silla; la abuela que asiste con su nieto para fortalecer su vínculo y la hija que trae a su madre con Alzheimer y ambas bailan juntas; es un reflejo de la vida misma”.
Agregó que la comunidad ha sido fundamental, pues asisten abuelos de zonas cercanas como Centro Habana y La Habana Vieja, pero también personas de toda la ciudad e, incluso, de otras provincias como Matanzas, Cienfuegos y Holguín, aunque actualmente el transporte dificulta mucho esos desplazamientos.
“Esto demuestra que la comunidad va mucho más allá de lo geográfico: es una red emocional y humana que se ha ido tejiendo alrededor del proyecto”, valorado por ella como una iniciativa profundamente valiosa, saludable y necesaria, que merece crecer”, indicó.
En su opinión, la iniciativa contribuye a visibilizar a las personas mayores como lo que son: “los sabios de la tribu, a quienes debemos respetar, cuidar y escuchar”, por tanto, “crear espacios como este no solo mejora su bienestar físico y emocional, sino que también nos transforma a nosotros como sociedad”.
Asimismo, “nos invita a ser más empáticos, más conscientes y más humanos; siempre pienso en el impacto que tuvo Buena Vista Social Club, que puso a nuestros mayores —artistas extraordinarios— en el centro de la mirada internacional en un momento de crisis”.
Por último, recordó que “hoy vivimos una realidad compleja que, en muchos sentidos, se le parece; es también un momento para rescatar y practicar los valores que ellos nos enseñaron”, pues “no debemos olvidar la responsabilidad que tenemos con ellos”.