La escasez de recursos y la limitación de opciones alimentarias han sido desafíos constantes desde hace años en Cuba; de ahí que emerjan iniciativas que no solo buscan sustentar, sino transformar el panorama de la producción y el consumo de alimentos. Bacoretto es una de esas propuestas que redefine el concepto de lo local, lo artesanal y lo saludable. Enfocada en la producción de harinas y alimentos sin gluten, Bacoretto se ha consolidado como un proyecto con una fuerte vocación social y comunitaria, con un compromiso profundo con el bienestar de las personas y el desarrollo de su entorno.
Bacoretto nació de la necesidad de ofrecer opciones alimenticias saludables en un contexto en el que la oferta de productos libres de gluten era prácticamente inexistente en la isla. La propuesta inicial fue clara: crear alimentos de calidad, 100 por ciento naturales, sin gluten y con ingredientes locales. Sin embargo, el emprendimiento fue rápidamente más allá, para convertirse en un referente dentro de la economía social cubana.
“Bacoretto no solo es un negocio, es un proyecto con impacto real en la comunidad”, explica Claudia Guerra, su creadora. Desde su fundación, Bacoretto ha apostado por la producción artesanal en espacios rurales, un proceso que no solo permite el uso de ingredientes frescos y cercanos, sino que también asegura que cada producto refleje los valores de la empresa: la honestidad, la dedicación y el respeto por el consumidor.
Uno de los pilares del emprendimiento es la construcción de una identidad clara, que no solo ha logrado calar entre los consumidores, sino también generar un vínculo emocional con ellos. El trabajo constante de Claudia y su equipo, en conjunto con el aprendizaje continuo, les ha permitido participar en diversos espacios, como el Mercado de la Tierra y otras ferias de emprendimiento, donde han venido captando una base de consumidores fieles que buscan opciones saludables y conscientes.
Pero no todo ha sido color de rosa. La producción artesanal, realizada en áreas rurales, enfrenta serias limitaciones relacionadas con la infraestructura, la falta de maquinaria adecuada, el financiamiento escaso y la inestabilidad en los procesos productivos. A pesar de estas barreras, Bacoretto ha sabido reinventarse y aprovechar las oportunidades.
“Aunque los desafíos son grandes, hemos recibido apoyo en forma de fondos que nos han permitido adquirir indumentarias y mejorar nuestros procesos de producción. Esto no solo ha permitido optimizar la calidad de nuestros productos, sino también hacerlos más sostenibles y seguros”, comenta Guerra. Estos recursos también han permitido mejorar las condiciones de trabajo para el equipo, un aspecto esencial para mantener la productividad.
Uno de los mayores logros del emprendimiento ha sido su capacidad para generar empleo local, particularmente entre mujeres rurales. A través de esta iniciativa, Bacoretto ha contribuido a empoderar a las féminas, reconociendo su labor, sus saberes ancestrales y su papel fundamental en la vida de la comunidad. Este enfoque de economía circular promueve un ciclo de producción que no solo beneficia al negocio, sino también al territorio y sus habitantes.
“Producir localmente, generar empleo y reinvertir en la comunidad es clave para nosotros”, señala Guerra. Esta visión de negocio sostenible, orientada a la mejora continua, también ha permitido a Bacoretto fortalecer el tejido social de su comunidad, en tanto contribuye al desarrollo de un entorno más autónomo y resiliente.
Para 2026, Bacoretto aspira a consolidarse como un referente dentro del sector de alimentos sin gluten en Cuba y tiene planes de expansión. Entre los proyectos más ambiciosos se encuentra la apertura de un nuevo centro de elaboración, que permitirá mejorar las condiciones productivas y la modernización de la maquinaria, sin perder la esencia artesanal que ha caracterizado al emprendimiento desde sus inicios. Además, se planea la ampliación de la gama de productos, siempre manteniendo el enfoque en la alimentación consciente y saludable.
Un proyecto particularmente emocionante es la creación de un pequeño café/bodegón, pensado como un espacio para que los consumidores puedan disfrutar de los productos Bacoretto en un ambiente relajado, mientras se promueve la interacción comunitaria. Este espacio también servirá como un lugar de encuentro y degustación, que permitirá a las personas conectar con los productos y con la filosofía detrás de ellos.
El ejemplo de Bacoretto demuestra que, más que una fuente de ingresos, un emprendimiento puede ser una herramienta poderosa de transformación social, un vehículo de cambio que promueve la sostenibilidad, el empoderamiento femenino y el bienestar comunitario. Bacoretto no es solo un negocio que produce harinas sin gluten, es una idea que alimenta tanto el cuerpo como el alma de quienes creen que otra forma de producir, consumir y vivir es posible.
“Soñamos con un Bacoretto más fuerte, más estable y más abierto, sin perder nuestra esencia, un proyecto que siga creciendo de la mano de su territorio, de las mujeres que lo sostienen y de las personas que creen en este modelo de negocio consciente”, concluye Claudia Guerra.