El mundo se cura: la necesidad de emprendimientos verdes en tiempos de coronavirus

La crisis económica provocada por la pandemia de COVID-19 pudiera ser el momento ideal para analizar qué ha sucedido con el actual modelo económico, donde el crecimiento en la productividad ha ido acompañado de enormes desigualdades y un planeta en emergencia climática.

Cuando los gobiernos multiplican medidas para contener el nuevo coronavirus, y no pocos se espantan ante las imágenes de fábricas cerradas y calles desérticas, aparecen, sin embargo, las mejores noticias para el Medio Ambiente. Las estadísticas muestran una drástica caída en los niveles de dióxido de nitrógeno en Europa y China, y muchos de nosotros nos quedamos pensando.

De acuerdo con la directora ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Inger Andersen, esta reducción es temporal, porque una vez la vida recobre lo que llamamos “normalidad” volverán a subir los volúmenes de carga contaminante.

No obstante, una pregunta se impone: si ha sido posible lograr ciudades más limpias y reducir la contaminación, ¿no sería inteligente buscar alternativas que permitan mantener resultados como estos en el tiempo? Sin dudas este podría ser un buen momento para el crecimiento de emprendimientos verdes, que impulsen la reconstrucción de la economía con base en la inversión de tecnologías limpias.

Cualquier negocio puede ser un emprendimiento verde, siempre que esté comprometido con la sostenibilidad ambiental. Las startups verdes ofertan bienes o servicios que generan impactos ambientales positivos e incorporan buenas prácticas sociales, económicas y ambientales, que contribuyen al desarrollo sostenible. En un contexto de pandemia, proyectos donde la sostenibilidad ambiental y la responsabilidad social sean lo fundamental resultan decisivos, si se quiere superar la actual crisis económico-financiera.

Latinoamérica, por ejemplo, es una región donde han proliferado los eco-emprendimientos. Una rápida revisión a los Premios Latinoamérica Verde, el evento más importante para estos proyectos en el continente, nos permite comprender el crecimiento y la diversidad de las propuestas. En sus seis ediciones, desde 2013, se han presentado 10144 proyectos, provenientes de 930 ciudades.

Si miramos a fondo la versión de 2019, encontramos iniciativas interesantes, como el “Proyecto Tití”, que defiende la conservación del mono tití cabeciblanco y la protección de su hábitat natural en Colombia; así como el proyecto mexicano “Familia Rural Inteligente-Ecotecnia”, que ofrece tecnologías ambientales integrales para familias rurales en situación de pobreza. Por su parte, el emprendimiento chileno “Atando cabos”, de Comberplast, propuso convertir las cuerdas que usan los barcos en armazones plásticos para mover carga y recibió el premio en la categoría Océanos.

Estos son solo algunos ejemplos de un movimiento que, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas, debería ser parte clave de esa economía diferente que necesitamos hoy, donde prosperen por igual la salud del planeta y la de las personas.

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