Para muchos el término “emprender” no supone cuantiosas complicaciones; para otros significa reinventarse entre telas y costuras, muchas veces con los hijos en las piernas, consumiendo la comida de fantasía que te han preparado en sus juegos.
Irma es un proyecto de diseño y confección de prendas de vestir y accesorios para niñas y niños. Nacido durante el período de pandemia, como otros proyectos que hoy están en el mercado local; es el resultado de tener que rediseñar la vida laboral y la maternidad.
Indira, su fundadora, ha encontrado en el proyecto no solo una forma de sustento económico, sino emocional; “un espacio donde confluyen los espíritus de mis tías abuelas, modistas de alta costura y la energía de dos mujeres incansables que se llaman Irma, mi abuela y una gran amiga“.
A pesar de que le costó tiempo concretar la idea, decidió convertir su pasatiempo de la infancia en su nueva forma de vida laboral. Así, entre máquinas de coser y algunas telas, comenzó un proyecto que ya se arrima a los dos años.
Trabajar para los pequeños de casa se convirtió en la línea fundamental de producción. Su espontaneidad y sinceridad para juzgar el producto final e incluso llevar las piezas puestas, recién salidas del taller, fueron la principal inspiración. No obstante, es un reto constante que parte de la combinación de materias primas encaminadas a la comodidad de un grupo etario que no tiene más preocupaciones que jugar.
Por el momento es el trabajo de una sola persona encargada del diseño, la confección, la atención de los canales de distribución y las redes sociales. Sin embargo, Irma continúa creciendo y no desestima la posibilidad de poder convertirse en una pequeña empresa.
Asume que no existe una fórmula para el éxito en la conjugación de la maternidad y el emprendimiento, más allá de la constancia, la disciplina y la paciencia. “Yo soy una mujer emprendedora que le apasiona su trabajo, pero sobre todo, soy la mamá de Ana y de Sofía”.