En los diferentes ámbitos de la vida contemporánea se habla continuamente de tecnología, aunque con diferentes acepciones.  Quizás vale la pena destacar el hecho de que esta no se refiere solamente a artefactos o equipamientos, sino a la forma en que se hace o produce algo, y la manera en que se combinan los insumos y factores productivos.  En general, supone un conjunto de conocimientos puestos en función de resolver problemas concretos, para generar rentas, y también para atender cuestiones sociales o medioambientales, entre otras.

La humanidad siempre ha usado sus conocimientos, obtenidos de diversa manera, para resolver problemas prácticos. La diferencia de nuestra era radica en la velocidad con que se generan nuevos saberes y su aplicación a la vida diaria; la creciente ponderación de la ciencia y la tecnología en la creación de riquezas, y en la satisfacción de necesidades.

El cambio tecnológico se ha acelerado después de la Segunda Guerra Mundial, a partir de la revolución de la electrónica y el avance de la biotecnología. Por esta razón, los entes públicos y privados dedican fondos y recursos a la producción de conocimientos en centros de investigación, universidades, laboratorios experimentales y empresas, y a su posterior distribución.

Asimismo, conviene resaltar que la tecnología no es solo un asunto de súper equipos automatizados. Cuando una pequeña empresa desarrolla una forma de llegar a nuevos clientes, también ha desarrollado una tecnología, se dice: ha innovado.

Tampoco este es un asunto de países ricos. Al contrario, el desarrollo de nuevas tecnologías es un camino para superar el subdesarrollo, como lo han logrado mucho países, incluso pequeños. El desarrollo de nuevas tecnologías no es un asunto exclusivo de países grandes y con recursos, al contrario, es relevante para todos.

El desafío de Cuba radica en que, si bien ha logrado avances en ámbitos que facilitan el desarrollo tecnológico, no alcanza a desatar el potencial formado en su fuerza de trabajo, por razones que bien tienen que ver con la escasez de recursos, pero aún más con los incentivos vinculados con la creación de esas tecnologías, y la apropiación de las rentas generadas.

Sí, porque la tecnología no es un asunto meramente técnico, sino también una relación social. El entorno socioeconómico y las reglas de juego de una sociedad están estrechamente vinculados con su capacidad de usar activa y eficazmente la ciencia y la tecnología para resolver problemas concretos y crear bienestar duradero.

Lo que ha ocurrido en la mayor de las Antillas en los últimos siete años confirma la tesis de que se puede crear mucho, con relativamente pocos recursos, y que no tiene que ocurrir solo en el sector público. Ha quedado validado el hecho de que el talento creador de las personas, aupado por un entorno que genere los incentivos adecuados, es capaz de desatar un desarrollo tecnológico de gran calibre, que repercuta positivamente en el desarrollo económico y social del país. De eso se trata.

Resaltar:

TALENTO CREADOR + INCENTIVOS = DESARROLLO TECNOLÓGICO

El desarrollo de nuevas tecnologías es un camino para superar el subdesarrollo

El desafío de Cuba radica en que, si bien ha logrado avances en ámbitos que facilitan el desarrollo tecnológico, no desata el potencial de su fuerza de trabajo

El gran desafío de Cuba radica en que si bien ha logrado avances en ámbitos que facilitan el desarrollo tecnológico, no logra desatar el potencial que ha logrado formar en su fuerza de trabajo

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