¿Es posible cultivar junto al mar? La experiencia de El Cachón
Por Lorena Pérez Méndez
En una comunidad costera como Cojímar, donde la tierra productiva convive con la vulnerabilidad de los ecosistemas litorales, cultivar alimentos puede ser también una forma de transformar el entorno. Esa es una de las apuestas del Proyecto de Desarrollo Local (PDL) El Cachón, en el municipio capitalino de Habana del Este, que vincula la producción agrícola con la conservación ambiental y diversifica las oportunidades económicas de sus habitantes.
La iniciativa, liderada por los ingenieros agrónomos Elizabeth Grillo Corrales y Rolando Martínez Dueñas, su esposo, acumula años de experiencia en la agricultura sostenible. En poco más de 1 hectárea, este matrimonio ha incorporado conocimientos adquiridos mediante cursos y talleres sobre agroecología.
El proyecto produce viandas, vegetales y frutas destinados a la población de la comunidad, con lo cual contribuye al abastecimiento local y demuestra que los espacios agrícolas pueden desempeñar una función que trasciende la cosecha: generar capacidades productivas, favorecer el aprovechamiento de los recursos disponibles y crear oportunidades de sustento.
La experiencia de El Cachón se relaciona con los principios de la permacultura, un enfoque de diseño de sistemas sostenibles que busca integrar la producción de alimentos con el cuidado del suelo, el agua y la biodiversidad.
En este sentido, la agroecología constituye una herramienta para avanzar hacia modelos agrícolas menos dependientes de insumos químicos y más atentos a las características del entorno. En una zona costera, además, resulta fundamental comprender los riesgos que amenazan la productividad de los terrenos, entre ellos la salinización.
La contribución de El Cachón no se limita al espacio cultivado. La preservación del paisaje costero y la recuperación de áreas afectadas por los desechos constituyen otra dimensión de su trabajo comunitario.
Estas acciones muestran la conexión entre la sostenibilidad agrícola y el cuidado del territorio. La salud de los suelos, el manejo responsable de los residuos y la protección de los espacios naturales forman parte de una misma visión de desarrollo.
La dimensión social también ocupa un lugar importante en la trayectoria del proyecto. Según Elizabeth Grillo, El Cachón no es un ente aislado en la comunidad, sino que contribuye, no solo con posibilidades de trabajo para los lugareños, sino sobre todo con aportes concretos: ventas de alimentos sanos a precios competitivos, donaciones a centros de salud y educacionales del territorio, asesoramiento en materia de permacultura y agroecología a productores interesados, entre otras acciones en el radio de acción del proyecto.
Esta articulación abre oportunidades para diversificar los ingresos, visibilizar el trabajo de quienes producen y conectar la actividad económica con el patrimonio y la identidad de Cojímar.
El Cachón representa así una experiencia en la que agricultura, sostenibilidad y participación comunitaria pueden reforzarse mutuamente. Su aporte al desarrollo local no depende únicamente de cuánto se cosecha, sino también de las capacidades que se generan, las relaciones que se construyen y el valor que adquiere el entorno para sus habitantes.
En un contexto que exige soluciones para producir alimentos y preservar los recursos naturales, iniciativas como esta recuerdan que el desarrollo sostenible comienza, muchas veces, en espacios pequeños, con conocimientos compartidos y con comunidades dispuestas a transformar su realidad desde la tierra que habitan.