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¿Cómo se enfrentan a la crisis energética los emprendedores cubanos?

La crisis energética que atraviesa Cuba ha afectado gravemente la calidad de vida de los ciudadanos, al dificultar el normal desarrollo de las actividades económicas. En un país donde los cortes de electricidad pueden extenderse hasta 20 horas diarias y el transporte público y privado se ve limitado, los pequeños negocios enfrentan desafíos significativos. Según un informe de la consultoría AUGE, el 96,4 por ciento de las 9 236 micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) registradas en Cuba sufren consecuencias severas o críticas por la escasez de combustible y electricidad.

La crisis energética no es solo un problema técnico, sino también político. El bloqueo de Estados Unidos contra Cuba ha limitado el acceso a fuentes de financiamiento y proveedores de combustible, lo que agrava la situación. En el mercado informal, el litro de combustible supera los seis dólares, un precio prohibitivo para negocios que dependen del transporte de mercancías, la refrigeración de alimentos o el funcionamiento de equipos básicos.

Los efectos de esta crisis son palpables en múltiples sectores. En restaurantes y cafeterías, por ejemplo, muchos pierden inventarios completos cuando fallan los sistemas de refrigeración. Un restaurante privado puede ver cómo carnes, lácteos y vegetales se echan a perder en cuestión de horas, con lo cual se generan pérdidas irreparables.

En el caso del transporte privado, servicios como La Navecita, una alternativa popular al transporte estatal, han quedado prácticamente paralizados por la falta de combustible. La movilidad limitada reduce la capacidad de distribución de productos y afecta la vida cotidiana de los clientes.

Por su parte, en la esfera de la producción de alimentos, pequeñas fábricas de pan, dulces o conservas dependen de hornos eléctricos y equipos de refrigeración. Los apagones prolongados obligan a detener la producción, lo cual provoca pérdidas tanto para los emprendedores como para los consumidores.

En el comercio minorista, los negocios que importan y venden productos básicos igualmente enfrentan dificultades para mantener inventarios y garantizar entregas. La logística se vuelve más costosa y lenta, lo que repercute en los precios finales.

En medio de este panorama, los empresarios cubanos han apostado una vez más por el marketing digital como herramienta poderosa para sobrevivir y, en algunos casos, prosperar.

Las redes sociales, en particular, han sido fundamentales en este proceso. Plataformas como Instagram, Facebook y WhatsApp se han convertido en vitrinas virtuales donde los negocios promocionan sus productos, comunican ofertas y mantienen contacto directo con sus clientes.

Instagram y Facebook permiten mostrar fotos y videos de productos, creando una identidad de marca sólida. Incluso en medio de la crisis, estas plataformas ayudan a llegar a públicos más allá de la localidad, incluyendo turistas que siguen conectados con Cuba desde el exterior.

WhatsApp, gracias a su versión Business, se ha convertido en una herramienta esencial para pedidos, consultas y coordinación de entregas. Los catálogos digitales y las respuestas automáticas optimizan la operación y reducen la necesidad de interacción física.

Si bien el entorno digital ha sido un salvavidas, la falta de infraestructura adecuada para el comercio electrónico sigue siendo un obstáculo. Los emprendedores recurren a sistemas de pago alternativos como transferencias bancarias nacionales o plataformas como EnZona que, aunque limitadas, permiten mantener las transacciones dentro del marco legal cubano.

A ello se suma que, en tiempos de apagones monumentales, la ya de por sí precaria conexión a Internet se vuelve casi imposible en determinadas zonas, de modo que el acceso a las herramientas del marketing digital no es igualitario y en no pocas ocasiones depende de variables tan azarosas como el lugar donde viva el emprendedor o si el gabinete de Etecsa que le corresponde a su área tiene vitalidad o no.

A pesar de los obstáculos, la creatividad y la resiliencia de los cubanos han sido clave para adaptarse. Muchos emprendedores han logrado independizar sus negocios de las veleidades del sistema eléctrico nacional gracias a la instalación de conexiones propias, alimentadas por energía renovable. Ello les ha permitido lo que los expertos llaman “una ventaja adaptativa”, o lo que es lo mismo, acomodarse a las reglas del juego que imponen las circunstancias.

Aunque los desafíos son considerables —apagones prolongados, combustible escaso y caro, conectividad limitada— la resiliencia y la capacidad de adaptación de los emprendedores cubanos demuestran que, incluso en tiempos de adversidad, el entorno digital puede ser una herramienta poder

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