Artecorte: la belleza y la estética no entienden de límites

Hace seis meses, un salón de belleza en el Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología de la Habana, era solo un concepto; hoy es un hecho.

A cargo de este sueño estuvo el proyecto comunitario Artecorte, de la mano de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana y otros emprendimientos, quienes donaron lo mejor de sí, en función del compromiso social.

En el mundo, instituciones hospitalarias de este tipo cuentan con salones de bellezas, porque existen pacientes que requieren cortes de cabello. De ahí la idea de reutilizar los espacios disponibles en el centro para, de alguna forma, crear conciencia de la importancia de la estética en estos procesos, como un oficio humano y sensible.

Lo que antes fue una oficina para custodios hoy es un pequeño pero acogedor espacio de luz, que pretende hacer más feliz la vida de esos seres de batalla. Los implicados en la transformación se encargaron además de todo el proceso de decoración, jardinería, mobiliaria, tanto en el interior como en el exterior del local.

El salón ofrece sus servicios de lunes a viernes en los horarios de 10:00 am a 4:00 pm. Cuenta con un banco de pelucas utilizadas en calidad de préstamo y con previa receta, por la disponibilidad de las mismas y los cuidados que requieren.

Además, el proyecto pone en función de la comunidad, el oficio de la peluquería y la barbería. A esta noble labor se suman los estudiantes de la Escuela Internacional de Belleza Bella Caribe, los de la Escuela de Peluquería y Barbería Artecorte y otros estilistas de la ciudad, para poner a disposición de los pacientes, sus acompañantes y el personal docente del hospital, todos sus conocimientos estéticos.

 “Somos muchos y podemos llegar a muchos, ¡qué bueno sería lograr una red de peluquerías en los hospitales!”, afirmó Adriana Ricardo, Directora de Artecorte. “Pretendemos que el salón funcione prácticamente solo, que sea un espacio colaborativo en función de la estética donde Artecorte sea solo un promotor”, agregó.

La situación epidemiológica que atravesamos obliga a multiplicar los cuidados, por lo que se prevé atender un máximo de diez clientes diarios, para evitar aglomeraciones y respetar todo el protocolo de salud establecido, así como la desinfección del material utilizado.

Pero esta es solo la punta del iceberg, porque para Adriana, los límites no existen, si se trata de desarrollo comunitario.

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