Cubela’s: una empresa que convierte el descarte en oportunidad
Por Danay Galletti Hernández
Una sábana que un hotel retira del servicio no siempre está lista para convertirse en desecho. Tampoco un mantel con los bordes deteriorados o una pieza de lencería que necesita algo más que un lavado. En esa distancia entre lo que se descarta y lo que todavía puede aprovecharse, Dalieny Ortega Cubela, representante de CUBELA’S S.U.R.L., ha encontrado una oportunidad de negocio.
“No lavamos ropa. Alargamos la vida de las cosas”, dice en entrevista con Negolution. La frase resume la propuesta de una empresa habanera que busca hacer de la recuperación textil un servicio rentable, con beneficios para sus clientes y posibilidades de aprovechamiento para materiales que, de otro modo, terminarían fuera de uso. También expresa el sentido de “Cubela’s Circular”, el proyecto con el que obtuvo el tercer lugar en el Concurso Naranja de Economía Circular 2026.
El reconocimiento no llegó por una transformación repentina de sus operaciones. Según Dalieny, el concurso las llevó a examinar lo que ya hacían, identificar sus límites y asumir una tarea pendiente: demostrar con datos cuánto recuperan y qué impacto tiene ese trabajo. “Éramos un negocio circular que todavía no se sabía circular”.
Donde otros terminan, Cubela’s comienza
Durante años, Dalieny vio llegar sacos de hoteles con sábanas y manteles destinados a la baja. Algunas piezas tenían manchas difíciles; otras, roturas localizadas. El deterioro podía impedir que continuaran en su función original, pero no necesariamente agotaba las posibilidades del tejido. “Y te dicen con total convicción: ‘Esto va para baja'”, recuerda.
Cubela’s comenzó a trabajar sobre esa decisión: evaluar si la pieza podía regresar al servicio mediante un tratamiento especializado o si convenía transformarla en otra cosa. De ahí surgieron dos categorías que hoy organizan su actividad: “descarte recuperable” y “reconstrucción textil”. La primera comprende el lavado especializado y el desmanche de artículos que el cliente considera perdidos. La segunda incorpora costura, redimensionamiento y rediseño. No se trata de devolver siempre el mismo producto, sino de encontrar un uso posible para el material disponible. “Un mantel manchado en el borde lo convertimos en un mantel de mesa más chiquita u otro producto y sigue en servicio”, explica.
Cada pieza exige una valoración. Algunas pueden recuperarse sin cambiar de función; otras necesitan una transformación. Cuando ninguna de esas opciones resulta viable, todavía queda la posibilidad de aprovechar partes del tejido. Esa clasificación es el punto de partida del modelo. Antes de procesar un saco de ropa como un conjunto indiferenciado, hay que determinar qué contiene y qué puede hacerse con cada artículo.
“Nuestra materia prima no se compra”, precisa Dalieny. Los materiales ya pertenecen a hoteles, restaurantes y otras instituciones. La empresa interviene para mantenerlos en uso y ofrecer una alternativa a su reposición.
Una pieza, varios destinos
El flujo textil es el centro de “Cubela’s Circular”, pero no su único ámbito de trabajo. De la reconstrucción quedan retazos que pueden convertirse en paños, artículos pequeños, rellenos para cojines y otros productos. “Los retazos que quedan de la reconstrucción no son basura”, afirma.
La recortería abre así un segundo circuito de aprovechamiento. Parte de los productos y de la lencería recuperada se destina a iniciativas sociales, incluidos hogares maternos y hospitales. Según explica la representante del negocio, el diez por ciento de los ingresos se dedica a responsabilidad social. “Eso no es un adorno del proyecto, es un compromiso de nuestro equipo de trabajo”.
Un tercer flujo se encuentra todavía en desarrollo: el aprovechamiento del aceite de fritura usado en las cocinas de sus clientes. En alianza con otros emprendimientos privados, Cubela’s ha trabajado en prototipos de jabón artesanal elaborado a partir de ese residuo. La propuesta busca utilizar una logística que ya existe. El vehículo que recoge lencería podría retirar también el aceite usado y aprovechar el mismo recorrido para incorporar otro material al circuito. “En el mismo viaje en que recogemos la lencería podemos recoger el aceite, y devolverle al hotel un jabón hecho con su propio residuo”.
Dalieny incluye entre sus próximos pasos impulsar esa línea y desarrollar una propuesta de percheros elaborados con cáscara de café. Son proyectos que amplían las posibilidades del negocio, aunque todavía deben consolidarse.
El reto de ponerle números
El concurso obligó al equipo a formular preguntas que la urgencia cotidiana había dejado en segundo plano. ¿Cuánto textil recupera la empresa? ¿Qué proporción vuelve al servicio? ¿Cuánto se transforma? ¿Qué cantidad termina como residuo?
“Cuando salió la convocatoria del Concurso Naranja nos dimos cuenta de algo incómodo: llevábamos años haciendo economía circular sin llamarla así y, sobre todo, sin medirla”, cuenta Dalieny. “Esa fue la idea con la que nos presentamos: no inventar algo nuevo, sino ponerle números a lo que ya hacíamos”.
La medición es ahora la prioridad. La empresa dispone de experiencia, clientes y resultados de pruebas, pero no de un registro sistemático que permita reconstruir todo su impacto. “No tengo los kilogramos exactos de textil que hemos desviado del vertedero. No los tengo porque durante diez años estuvimos haciéndolo, no contándolo. Ese es justamente el proyecto”.
La franqueza también alcanza a los procesos que todavía no responden a la lógica que quieren desarrollar. “En el proyecto hay una tabla que dice en qué somos circulares y en qué seguimos siendo lineales, así, en dos columnas”, explica. “No tenemos medición de agua por kilogramo lavado. No sabemos dónde termina lo que devolvemos como no aprovechable”.
Entre sus objetivos están registrar el consumo de agua, energía y productos químicos por kilogramo procesado, así como avanzar en la reutilización del agua del último enjuague para el prelavado. Dalieny no presenta esas metas como resultados alcanzados. “Ahí somos lineales todavía, y lo decimos”.
Para comenzar, la propuesta no depende de un sistema tecnológico complejo. Una báscula, una planilla de recepción y los comprobantes que ya utiliza el negocio pueden ayudar a construir la primera base de información. El desafío es incorporar el registro a la rutina y mantenerlo.
La meta inmediata es tener ese sistema funcionando con tres clientes piloto, determinar el peso promedio de cada tipo de pieza y entregar un primer informe mensual de circularidad. La intención es que, junto con la factura, el cliente reciba información sobre lo que ocurrió con sus textiles. “Quiero cerrar la línea base. Todo lo demás descansa sobre eso”.
Vender duración, no reposición
Dalieny plantea el negocio a partir de una diferencia: el servicio no debería valorarse únicamente por la cantidad de ropa lavada, sino por su contribución a que las piezas duren más. “Nosotros no vendemos lavado por kilo, vendemos vida útil. Ganamos cuando la pieza del cliente dura, no cuando se bota”.
Ese enfoque modifica la conversación comercial. El precio del lavado sigue siendo relevante, pero también lo es el costo de sustituir una sábana o un mantel que todavía puede recuperarse. Para calcular ese beneficio, Cubela’s necesita información de sus clientes, incluidos los precios de reposición. “Aprendimos que eso hay que negociarlo desde el primer contrato, no después”.
La empresa cuenta con testimonios de clientes sobre una mayor duración de sus textiles y con pruebas de recuperación de prendas descartadas. Sin embargo, Dalieny distingue esos antecedentes de una medición sistemática. Cuando menciona ensayos en los que se ha recuperado hasta el 97% de las piezas, aclara el alcance del dato: “Eso es resultado de pruebas concretas, no de auditoría”.
El siguiente paso consiste en convertir experiencias puntuales en indicadores comparables. Saber qué se recibe, en qué condiciones, con qué intervención y durante cuánto tiempo continúa en uso permitiría fundamentar mejor la oferta comercial. Desde esa lógica, también contempla desarrollar el leasing de mantelería: una modalidad en la que el cliente pagaría por el servicio en lugar de asumir de manera reiterada la compra y reposición de las piezas. “La circularidad no es un proyecto al lado del negocio, es el negocio en sí”, sostiene.
La logística también decide quién trabaja
Cubela’s sostiene diez puestos de trabajo. Según Dalieny, cuatro están ocupados por mujeres y siete por personas que viven en el propio territorio. La relación con la comunidad no se limita a las donaciones: también pasa por cómo se organiza la jornada y por las posibilidades reales de incorporarse al equipo. “Cuando uno diseña la logística también está decidiendo quién puede o no puede trabajar en su empresa”.
La jornada se distribuye de siete a once de la mañana y de doce a tres de la tarde. Las recogidas se realizan de día, en el Vedado y en municipios cercanos. Para la emprendedora, esa organización facilita la participación de mujeres con hijos y otras responsabilidades familiares.
Uno de los planes de crecimiento es trasladar al local de la empresa las labores de costura y reconstrucción, que actualmente se realizan en una vivienda particular. La integración permitiría crear dos puestos en el taller y otro dedicado al registro y la clasificación. La prioridad, señala, será incorporar a mujeres del territorio con experiencia en costura.
La apertura al barrio también aparece en “Galería Lavada”, una propuesta desarrollada junto al proyecto de arte y moda sostenible FIBRA. La idea es realizar una exposición de textiles recuperados dentro de la lavandería y acercar al público a sus procesos. “Que la gente entre a ver qué pasa aquí adentro”, dice Dalieny.
Crecer entre límites y alianzas
La empresa proyecta nuevas líneas, pero debe resolver restricciones inmediatas. De sus siete lavadoras, una está detenida; de las cuatro secadoras, otra tampoco funciona. A ello se suman los apagones y la falta de respaldo energético. “En este oficio una interrupción a mitad de un ciclo te complica todo el día”.
Esas dificultades conviven con el esfuerzo por mantener clientes activos y atender establecimientos con altos estándares de servicio. Entre sus prioridades están consolidar los acuerdos existentes, establecer un contrato marco e incorporar dos o tres clientes ancla más.
Para Dalieny, una experiencia especialmente valiosa ha sido la alianza entre Cubela’s, la empresa estatal SERVISA y un grupo hotelero. Más allá de una relación comercial concreta, la considera una vía de inserción de la empresa privada en cadenas de valor institucionales. “Eso no se resuelve con un buen precio, se resuelve construyendo confianza y encontrando la figura correcta”.
Cuando piensa en lo más replicable de su experiencia, no señala primero las lavadoras ni las técnicas de recuperación, sino ese esquema de colaboración. “Ese camino, una vez abierto, lo puede caminar otro”.
A su juicio, el modelo puede extenderse hotel por hotel, provincia por provincia y también hacia otros sectores, como los uniformes, el calzado de trabajo o los textiles hospitalarios. La posibilidad no descansa en que todos necesiten exactamente el mismo tratamiento, sino en una idea compartida: evaluar cuánto puede prolongarse el uso de un bien antes de reemplazarlo.
Después del premio, construir evidencia
El tercer lugar en el Concurso Naranja dio visibilidad a Cubela’s y abrió oportunidades de intercambio. Dalieny valora los contactos con instituciones y otros emprendimientos, pero sitúa el aprendizaje entre los resultados más importantes.
La empresa forma parte, según explica, de la Cátedra UNESCO Educación y Desarrollo de Economías Circulares de la Universidad de La Habana. Ese espacio le permite dialogar, revisar sus prácticas e incorporar investigación y desarrollo a un proyecto que todavía tiene preguntas por responder.
Su experiencia también la lleva a mirar de otra manera a otros negocios del país. “Hay muchísimos negocios cubanos que ya son circulares y no lo saben”.
Identificar esas prácticas no basta. Para convertirlas en una propuesta sólida hay que organizarlas, medirlas y reconocer dónde dejan de funcionar. Esa es la etapa en la que se encuentra Cubela’s: pasar del conocimiento acumulado en el trabajo diario a un sistema que pueda mostrar resultados con claridad.
“Cuando usted me vuelva a entrevistar, quiero contestarle esta pregunta con una tabla en la mano”. Mientras llega esa tabla, la empresa sigue clasificando, desmanchando, cortando y cosiendo. La ambición de crecer no ha cambiado la tarea que Dalieny coloca en el centro de su negocio: “Seguimos haciendo lo mismo de siempre, que es no dejar morir un textil que todavía sirve”.