Hacer teatro en Cuba

Caleb Casas enfrenta nuevos desafíos en su rol de director de teatro. Al preparar su entrevista, se antepuso una interrogante de más peso: ¿Por qué Cuba? Cuando la tendencia de los últimos años es a emigrar. En un escenario donde cada vez, se crean más ejes de artistas cubanos en otros países, a los que tradicionalmente se han desplazado esos núcleos intelectuales en épocas de crisis, Caleb nos cuenta su experiencia de trabajo en la Isla.  

¿Por qué un actor reconocido, desde temprana edad en Cuba, y que alcanzó el éxito también fuera de esta, decide regresar? 

Creo que  son ciclos, Colombia para mi fue un ciclo de casi 8 años, así lo veo.  Estuvo muy bien. Quería probar, expandirme, conocer, ganar dinero. Y así fue. El éxito en el trabajo también son ciclos, pasan. Fue excitante pero difícil sostenerlo como extranjero, vivir de lo que realmente sabes y te gusta hacer.

Susana, mi esposa, fue atrayéndome a La Habana poco a poco mientras consolidábamos nuestra relación. Me sorprendió una Habana más despierta en aquellos años. Empecé a verla con otros ojos, de vuelta, me sentía a gusto con los amigos, los pocos que quedaban. Mis padres felices. Retome mi vínculo sanguíneo con Carlos Celdrán y Argos Teatro. Me casé, y así se fue creando un círculo muy pequeño donde tenía lo justo: el amor, la familia y el teatro…y aquí sigo, 11 años después.

Tus años de trabajo con Carlos Celdrán: ¿Cómo influenciaron tu forma de dirigir teatro, y qué otros dramaturgos han incidido en tu método? 

Intento ser copia de lo que él le pide al actor. Sus pautas me llevaron a encontrar respuestas a preguntas que no entendía en su momento como actor, y por ende como individuo. Carlos Celdrán te ayuda a escarbar, a transformar tus limitaciones. Y eso conlleva honestidad y voluntad para llegar a una calidad de resultado. Tengo su software instalado, que es una mezcla de los grandes maestros americanos que he ido actualizando con el tiempo. Es difícil que me mientan ya (en la ficción) y esa mirada la he entrenado viéndolo dirigir.

Fui descubriendo que podía ejecutar sus comandos mientras daba clases en Bogotá, cuando no aparecía la serie o la novela. La necesidad! Empecé ese entrenamiento de diálogo y dirección con jóvenes aspirantes a actores, con cero experiencias y los resultados notables que veía abrieron la idea, el germen de que en algún momento debía hacerlo a otro nivel. El cine era mi primera intención, tengo guiones, cortos. Logré hacer uno allá, aquí lo intenté un tiempo, pero el teatro es mucho más barato de hacer y ahí fluyó todo muy bien. No desisto de lo primero, creo que llegará su momento, aquí.

¿Qué diferencias has descubierto entre dirigir y ser actor de teatro? 

Al dirigir se padece más todo, la concentración es total. Es agotador y fascinante a la vez. Como director de orquesta, la partitura completa la esculpes día a día. Estás solo, sin guía y activas otros mecanismos no habituales. Es una responsabilidad mayor llevar a cabo la empresa. Lo ves más claro desde afuera, pero entiendes que debes tener paciencia en el proceso y el tiempo de comprensión con los actores. Me gusta el diálogo como actor hacia el otro actor, crear juntos la dinámica de una situación, cómo exponerlo y ver la transformación desde afuera.

Cuando empieza la función y observas la historia como director, se vive de manera intensa, vas siguiendo cada nota, cada intención, cada proceso, a veces me hallo repitiendo frases, viviendo junto con el actor el viaje. Se siente en el pecho, es muy raro.

Tener el espacio para establecer ese diálogo con grandes actores ha sido fabuloso y se creó un equipo maravilloso con “Los Vecinos…” Totalmente agradecido con Jacque, Doime, Eduardo, Carlos Luis, Laura y Yailin, que se lanzaron junto conmigo a la aventura. El resultado fue maravilloso e iremos seguro por una última temporada antes de que acabe el año, y ojalá sea en un teatro con más capacidad.

Cuando actúo vivo mi parte, entreno el pedazo de partitura que me toca con la guía del director, confiando en sus decisiones, (no siempre sucede) y entonces llega el momento donde despliegas lo ensayado y aprendido como si fuera la primera vez, una y otra vez, función tras función, toma tras toma; buscando siempre ser preciso, viajando en tu honestidad. Eso también requiere mucha concentración. Con la obra “Misterios y otras pequeñas piezas” de Celdrán, trabajo que demandaba mucha concentración, quedé exhausto.

El sistema de eventos teatrales cubanos está establecido y jerarquizado por el Consejo Nacional de las Artes Escénicas, y aunque el propósito es llevar al público nuevas propuestas, factores como la escasez de recursos y la migración inciden en la calidad de estas. ¿Cómo has sorteado esas dificultades para hacer teatro en Cuba?

Las ayudas. Nunca faltan los amigos para apoyar en los emprendimientos. Las ayudas culturales que ofrecen las embajadas son importantes para comenzar. También la familia, los amigos del exterior. Siempre se encuentran los mecanismos para resolver. Como dijo Andréi Tarkovski: un artista no debería trabajar en condiciones ideales. La pericia nunca falta, la imaginación y la inevitable síntesis. Con esto no justifico en absoluto el recorte de la producción teatral, televisiva y cinematográfica que padecemos desde hace años. Es un problema más a tu lista de obstáculos si quieres materializar una idea. Con la migración, lo mismo, tienes un equipo por poco tiempo, porque alguien partirá. Me pasó en el proceso de “Los vecinos de arriba.. Y tienes que buscar a otro que haga ese trabajo, y esa búsqueda se hace más difícil. He visto partir a muchos amigos a lo largo de estos años que son nombres importantes de la cultura y otros que hoy lo serían. Con esos espacios inevitablemente vacíos uno toma conciencia y responsabilidad de seguir creando y apostando por la misma calidad a pesar del viento en contra. Ahora yo estoy aquí, y la creación esta en el momento y en el lugar en el que estas, tú motivación es poderosa y es mayor a cada obstáculo puesto en el camino. Hasta que te den las fuerzas…

Con la descentralización de la economía cubana, y la posibilidad de otro esquema también para la producción escénica, cinematográfica y televisiva: el tiempo que trabajaste en Colombia, ¿qué observaste y qué crees pueda beneficiar esa área de la creación cubana? ¿Qué recomendarías evitar? 

En Colombia existe una gran maquinaria, un gran mercado, regido por dos grandes consorcios familiares. Uno posee Caracol, el otro, Rcn. Es capital duro y puro. Dos canales de televisión en competencia infinita por lograr la atención del espectador con sus productos, ya sea reality o ficción, llevarse el rating diario; que está dirigido en su gran mayoría, la clase media y baja del país.

Allá entendí de dónde viene esa “plata”. De los anuncios, del tiempo comercial comprado por la publicidad. Esa es la parte mala, que el espectador se zumbe más minutos de bombardeo que de novela. Pero es la manera de recuperar inversión y reinvertir. En Bogotá no para la producción. La calidad técnica se ha desarrollado muchísimo, en todos los departamentos involucrados en una producción televisiva. La calidad artística ya es más difícil. Es un producto, y ya la directiva del canal tiene estudiado el tiempo de realización, así como la calidad que les interesa tener. Money talks!

En Cuba, esto evidentemente es imposible, los medios de difusión los controla el estado, son públicos…no hay tal envergadura de capital para la producción. Quizás la hubo, pero nunca en términos comerciales de recuperar la inversión. Ese concepto no lo veo en las instituciones. Hubo un intento con RTV me parece.

Lo que sugieres, es un terreno incierto. Es una fórmula que flotaría en la mente de muchos artistas que quisieran aterrizar. Por ejemplo, ver series de TV hechas acá, mejor equipadas, en mejores locaciones, mejor actuadas, mejor escritas, mejor dirigidas, mejores pagadas, y entrar a competir en el mercado latino. Eso generaría obviamente nuevos puestos de trabajo, desarrollo local y cultural. Lo difícil es no mezclarlo con la publicidad.  Pero no tengo idea de cómo pueda implementarse ese balance en Cuba. Yo crecí en la TV, y he visto como va desapareciendo la calidad y cantidad del producto nacional. En particular, me entristece mucho que un espacio como el de “Aventuras”, en el que trabaje en mi juventud, dirigido a los jóvenes y niños, donde tenían referencias directas de su país y cultura, haya sido borrado de la producción del Instituto de Radio y Televisión.

Entre los diversos medios que has trabajado, televisión, teatro y cine: ¿En cuál quisieras profundizar en lo adelante con tu madurez actual y la experiencia que has acumulado?

El teatro es donde más he trabajado estos últimos años, he hecho poco cine, y la gente me pregunta en la calle porque no salgo en televisión, les respondo que hago teatro en 20 de mayo y Ayestarán, ahí trabajo, en una salita pequeña bajo el nombre de Argos Teatro. En esos años he profundizado en la investigación, gracias a los personajes complejos que me ha brindado Carlos Celdrán, personajes como Martí, el padre de 10 Millones, o el Director de Misterios y pequeñas piezas; personajes que nunca llegarían a través del cine o la televisión, donde ya está condicionada mi imagen. Ya hice mucho de esos personajes “héroes románticos” y siguen proponiéndome la misma fórmula, porque creo que la gran mayoría de directores de cine y televisión raras veces van al teatro, o en específico a Argos Teatro; no voy a generalizar.

Siempre estaré en el teatro, para mi es esencial, la comunión en vivo, el ritual. Luego el cine, siento que puedo hacer mucho más que los personajes que me han dado. Igual en la TV. En todo, lo que sea bueno, complejo, artístico, atractivo, y siempre además, bien remunerado. Rara vez confluye todo esto.

La obra Hierro, del dramaturgo cubano Carlos Celdrán, reinterpretación que trajo de vuelta a Martí como hombre, se presentó en La Habana y Miami el verano pasado. ¿Cómo te preparaste para mostrar el carácter más íntimo y rasgos personales de semejante figura histórica?

Carlos fue inteligente a la hora de mostrar su Martí, que no sería una figuración física e ideal de él, sino que exploró más bien cómo sería su comportamiento, sus maneras a través de sus relaciones más íntimas. Así, ves al humano y sus conflictos. Hicimos nuestro trabajo de mesa y los actores nos fuimos rotando varios libros que se centraban en esos aspectos de Martí y de los demás personajes reales, que Carlos había escogido. Comencé a ver al ser que respira y padece, y bajó del pedestal. Pero sobre todo un libro me impactó: “Yo conocí a Martí”, donde impresiones en primera persona de personalidades de la política, la cultura; describían sus rasgos, sus ojos, sus manos, su voz, su forma de vestir, de caminar, su energía, su sensibilidad, su manera de hablar en el estrado, su melodía, su cadencia. Fue abrumadora tanta información, porque yo estaba muy distante de eso, había que descifrarlo poco a poco. En esas lecturas descubrí fuertemente al ser que existió, no al que te enseñan. En mi imaginación comenzó a aparecer caminando solo y rápido por esas gélidas calles de New York, absorto en varios asuntos a la vez. Con un joyero se hizo un anillo de hierro para la obra, como el que usaba él, que desapareció después de su muerte. Al probármelo en los ensayos olía fuerte, me imaginaba viéndolo, como lo olía de vez en cuando, ese fuerte olor al hierro que provenía de sus propios grilletes, cuando se llevaba el puño para apoyar su mentón y le recordaba a Cuba. O cómo tomaba sopa y su bigote se mojaba. O cómo miraba a sus Cármenes o a su María y su Pepito. Todos esos detalles fueron apareciendo en el proceso, siempre confiando en la mano y en el gusto de Celdrán, en lo que quiere como artista. Así salimos a la luz y las impresiones fueron muy buenas tanto en La Habana como en Miami años después, con casi otro elenco de muy buenos actores cubanos que viven allá.

¿Qué impacto a largo plazo aspiras tenga tu trabajo?

No pienso en un impacto dicho así, pienso en el público, y quizás en las referencias a los más nuevos que empiezan y en la obligación de dárselas como artista. Siento que a medida que avanzas en el tiempo, haciendo lo que hacemos los actores, tu conciencia se afina o expande, trabajas con tu intuición y sensibilidad, entrenas tu curiosidad; tus límites físicos y mentales se expanden un poco. Ves la realidad con mayor ángulo y eso es una gran responsabilidad. Creo que ese es el mecanismo, dar con agudeza, dejar la impresión de buenos intérpretes, como yo las tuve de Alexis Diaz de Villegas, Héctor Noas, Rolando Brito, Alberto Pujol, Jacqueline Arenal, Isabel Santos, Luis Alberto García, Osvaldo Doimeadiós y tantos más que me han impactado a lo largo de los años.

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