Potencialidades escondidas de una actividad prometedora

El verano pasado se daba el pitazo de arrancada para que las Formas de Gestión No Estatales (FGNE) tomaran parte de las actividades de comercio exterior, en un esfuerzo por dinamizar el espacio de la economía nacional donde estos actores intervienen. Los números demuestran un crecimiento sostenido en el acceso a los servicios de exportación e importación por parte de los privados, los cuales han buscado en el exterior el aprovisionamiento necesario para conseguir el siguiente paso en el despegue de sus negocios.

El pasado 24 de junio, fuentes del Ministerio de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera (Mincex) revelaban que se habían firmado 3415 contratos con las FGNE, de los cuales 150 correspondían a exportaciones, divididos en 91 para bienes y 59 de servicios. Un mes después, el 21 de julio, la directora general de Comercio Exterior de dicho organismo, Vivian Herrera, publicaba: “esta semana acumulamos 3912 contratos firmados con las FGNE, de ellos 172 de exportación. Existe representatividad de todas las provincias”.

Si bien esta última noticia da cuenta de la extensión nacional de la medida y de un considerable aumento de casi 500 contratos en un mes, los valores de las exportaciones aún permanecen bajos para lo que requiere un país que aboga por la sustitución de importaciones y el máximo de producciones locales. Podríamos decir que vamos por buen camino, pero ¿cómo saberlo?, si los montos de las exportaciones permanecen en el misterio.

También sigue siendo una incógnita las potencialidades de los bienes y servicios potencialmente exportables, pues desde la presentación de la normativa, en julio de 2020, de ese mapa territorial mencionado, que incluso abarcaba hasta los municipios, no se sabe nada más, y hasta el momento es improbable conocer el verdadero impacto de lo que podría ser una ruta en crecimiento.

De ahí que el Dr.C. Juan Triana Cordoví hiciera énfasis recientemente en la necesidad de contar con una información más completa para colocar mejor la mira hacia el estímulo a aquellas importaciones que apoyen los ejes estratégicos del plan cubano de desarrollo y por ende causen mayor efecto sobre asuntos más urgentes. “Por ejemplo, ¿debemos aplicar incentivos positivos específicos a la importación de implementos y suministros agropecuarios versus hebillas para cintos de cuero?”, ironizaba.

Sin embargo, sí que se ha informado desde comienzos de abril que, con la intención de informatizar todo este proceso y mejorar la inserción de Cuba en el mercado internacional, se realizaban las pruebas de trámites en línea de la Ventanilla Única de Comercio Exterior (VUCE). La plataforma electrónica que constituye “un sistema de gestión de contenidos permite documentar y publicar en línea los diferentes procedimientos para realizar trámites relacionados con el comercio exterior. Su objetivo es facilitar las diligencias de los empresarios cubanos y extranjeros que realizan operaciones de compraventa internacional”, según explicaba el diario Granma.

Su funcionalidad más práctica, una vez concluida su implementación de tres fases, radicará en permitir a los actores del comercio exterior la gestión simultánea en línea de autorizaciones y pagos necesarios con las entidades a cargo de los registros y de los permisos previos al despacho de mercancías.

En análisis previos compartimos la idea de cuánto podría ayudar a burlar el bloqueo, el hecho de importar y exportar a título personal, sin intervención de las empresas establecidas para ello. “Ojalá fuera de ese modo, pero solo el hecho de ser cubanos hace que nos bloqueen”, justificaba el Ministro de Comercio Exterior Rodrigo Malmierca en una Mesa Redonda en 2020.

La excusa para mantener este curso de acción inflexible radica en la experiencia de las entidades mediadoras en este sentido y, a decir del titular del Mincex, “en ninguna parte del mundo las pequeñas empresas, o incluso las personas que no tienen aún una empresa, hacen este tipo de gestión. Siempre se apoyan en empresas especializadas”.

Lo irónico aquí no recae en el apoyo que las 41 compañías puedan brindar o en que el actor comerciante sea cubano, sino en que los decisores conocen que “permitir la contratación directa no modificaría la magnitud de este flujo (el del servicio de comercio), solo eliminaría las garantías de una renta extraordinaria a las empresas premiadas, cuya fuente no proviene necesariamente del valor que crean sino de un poder de mercado artificial, concedido administrativamente”, opina al respecto el economista Oscar Fernández.

Si la creencia general del gobierno se basa en el financiamiento de la industria nacional a partir de las utilidades generadas por estas importadoras y no en que emprendedores y formas de gestión no estatal pueden dinamizar con sus acciones individuales y conjuntas las deprimidas producciones locales de muchos sectores, pues no se conseguirá en el mediano plazo el desarrollo esperado; de ahí el constante reclamo del sector privado y varios entendidos de liberar las fuerzas productivas.

Exportar es un fenómeno complejo que depende de un marco regulatorio muy proactivo y que coloque en igualdad de condiciones a empresas estatales y FGNE para luego, con el ecosistema adecuado y un entramado de instituciones que interactúen virtuosamente, conseguir un sector empresarial dinámico y de altas contribuciones.

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