Lo Llevamos Rizo: de un concurso en la Bienal de La Habana a una comunidad por la afroestética

Lo que comenzó en 2015 como una invitación a lucir el cabello afro natural se ha convertido en un proyecto sociocultural, un emprendimiento de productos capilares y una convención dedicada a la estética afro en Cuba. Su historia habla de peinados, pero también de identidad, aprendizaje y libertad para elegir.

Cuando la artista visual Susana Pilar Delahante Matienzo impulsó el primer Concurso de Cabello Afro Natural Lo Llevamos Rizo durante la XII Bienal de La Habana, hace más de una década, abrió un espacio para mostrar cabellos que durante mucho tiempo habían sido tratados como algo que debía corregirse o esconderse. Sobre aquella pasarela, llevar el pelo natural dejó de ser una decisión íntima para convertirse también en una afirmación pública. Esa fue la primera edición y el origen de Lo Llevamos Rizo.

Cuatro años después llegó la segunda. Para entonces, la experiencia había reunido a personas interesadas no solo en participar en un certamen, sino en conversar sobre el cuidado del cabello afro y rizado, compartir conocimientos y encontrar una comunidad. A partir de 2019, el concurso comenzó a transformarse en un proyecto sociocultural con actividades en barrios, escuelas y otros espacios de La Habana. Esta evolución tuvo una razón concreta: muchas mujeres y niñas negras y mestizas necesitaban información sobre su cabello, servicios capaces de atenderlo y lugares donde hablar sin prejuicios de lo que significa llevarlo natural.

Lo Llevamos Rizo empezó a responder con charlas, talleres, conferencias y encuentros. En vez de presentar el cabello afro como un problema que había que resolver, propuso conocerlo, cuidarlo y disfrutar sus posibilidades.

Aprender a mirar el cabello

La dimensión educativa es una de las claves del proyecto. Hablar de rutinas de cuidado o de estilos puede parecer, a primera vista, una conversación exclusivamente estética. Sin embargo, para una niña que ha escuchado que su cabello es «difícil» o «poco presentable», aprender a manejarlo y verlo celebrado también puede cambiar la relación con su imagen. Por eso, Lo Llevamos Rizo ha llegado a las escuelas y situado a las infancias entre sus prioridades.

La iniciativa no plantea el cabello natural como una obligación ni contrapone una textura a otra. En ocasión del décimo aniversario del proyecto, su directora, Annia Liz de Armas, explicó que el propósito es que las mujeres afrodescendientes puedan «hacer las paces con su cabello»: comprenderlo y elegir cómo llevarlo sin que el prejuicio decida por ellas. La reivindicación, en ese sentido, no consiste en imponer un peinado correcto, sino en ampliar la libertad de elección.

Ese enfoque ayuda a entender por qué el concurso pudo convertirse en algo más duradero. La pasarela ofrece visibilidad y celebración; los talleres y las conversaciones permiten que esa experiencia continúe después, en la casa, el salón de belleza, el aula o el barrio. Un cambio en la manera de nombrar el cabello —de «complicado» a «diverso», de algo que se combate a algo que se conoce— puede abrir preguntas sobre los modelos de belleza que se transmiten de una generación a otra.

Una marca con propósito social

En 2021, Lo Llevamos Rizo dio otro paso: lanzó una línea de cosmética natural y artesanal especializada en cabello afro y rizado. Aceites, geles, mantecas, tónicos y cremas se sumaron a servicios de peluquería y otras experiencias de bienestar. El emprendimiento incorporó así una respuesta práctica a una necesidad que el propio proyecto había identificado: la dificultad de encontrar productos y atención adecuados para esas texturas capilares.

La idea que sostiene esa oferta es sencilla: construir una «alianza con el pelo» en lugar de vivir en lucha contra él. Para quienes descubren cómo cuidar su cabello sin tratar de cambiar permanentemente su naturaleza, esa relación puede significar menos estrés y mayor confianza.

Pero desarrollar productos y servicios también plantea exigencias para el proyecto: mantener la actividad económica sin perder su vocación comunitaria. De Armas ha descrito como uno de sus retos equilibrar la rentabilidad con el deseo de ofrecer precios accesibles.

Ahí reside un rasgo distintivo de Lo Llevamos Rizo. No separa por completo el emprendimiento de la labor sociocultural: los productos atienden necesidades cotidianas; las actividades formativas comparten herramientas; y los encuentros públicos contribuyen a dar visibilidad a estilistas, creadoras y otras personas que trabajan alrededor de la afroestética.

Según datos del proyecto, su marca había atendido a más de 2.500 clientas al celebrar su décimo aniversario en 2025. Esa cifra habla de su alcance comercial, aunque no sustituye la dimensión menos cuantificable de su trabajo educativo.

AfroCon amplía la conversación

En 2024, la tercera edición del Concurso de Cabello Afro Natural llegó acompañada de una novedad: AfroCon, presentada como la primera Convención de Afroestética en Cuba. El encuentro ensanchó el campo de discusión. Ya no se trataba únicamente de cómo peinar o cuidar el cabello, sino también de formación profesional, emprendimiento, maquillaje, cuidado de la piel negra, diseño y representaciones culturales de la belleza afro.

La primera edición reunió charlas, talleres, una feria de emprendimientos y el concurso. También convocó a mujeres con negocios en marcha y a jóvenes interesadas en abrirse camino en ese sector. Para Lo Llevamos Rizo, la convención supuso otra forma de compartir conocimientos: poner en contacto a quienes tienen experiencia con quienes buscan aprender un oficio, desarrollar productos o prestar servicios.

AfroCon regresó los días 28 y 29 de agosto de 2026 al Pabellón Cuba, en La Habana, en el contexto de la feria Arte en la Rampa. Fue su segunda edición e incluyó la cuarta entrega del Concurso de Cabello Afro Natural Lo Llevamos Rizo. Académicas, investigadoras, activistas, estilistas y personas emprendedoras formaron parte de un programa que abordó, entre otros asuntos, el autocuidado en el emprendimiento afro y la presión estética durante la infancia. Uno de los espacios anunciados fue el panel «Infancias y presión estética», concebido para ofrecer herramientas a las familias frente a los juicios que pueden recibir niñas y niños por su apariencia.

Otro reunió a estilistas para discutir los mitos alrededor del cabello afro considerado «complicado». Ambos temas muestran que la convención no se limita a exhibir estilos: busca interrogar ideas que influyen en la autoestima y, al mismo tiempo, compartir saberes útiles para la vida diaria y el ejercicio profesional.

La cuarta edición del concurso mantuvo esa combinación de aprendizaje y celebración. Su programa incluyó categorías infantiles y adultas y modalidades como cabello suelto, trenzado, locks y corte de estilo. La pasarela volvió a ocupar un lugar visible, ahora dentro de un encuentro más amplio que permite mirar la afroestética desde la creación, el cuidado, el trabajo y la identidad.

Una historia que continúa

Once años después de aquel primer certamen en la Bienal de La Habana, Lo Llevamos Rizo conserva el concurso como uno de sus símbolos, pero ya no cabe únicamente en él. Es una comunidad que organiza espacios de formación, una marca de productos especializados y la impulsora de AfroCon. Cada una de esas facetas responde, de un modo distinto, a la pregunta que estaba presente desde el inicio: cómo lograr que el cabello afro y rizado pueda llevarse con conocimiento, orgullo y libertad.

La edición de AfroCon 2026 ofreció una imagen de ese recorrido. El proyecto que nació para reivindicar el cabello natural volvió a reunir a personas de distintas edades y profesiones para hablar de belleza, pero también de crianza, prejuicios, emprendimiento y cuidado.

La conversación iniciada en 2015 no terminó cuando bajaron de la pasarela las primeras concursantes. Se extendió a escuelas y barrios, llegó a una línea cosmética y hoy encuentra en la convención un espacio para seguir creciendo.

Como afirma su consigna, Lo Llevamos Rizo lleva el cabello con orgullo y en libertad. Su apuesta más perdurable quizá sea esa: que cada persona pueda decidir cómo quiere llevarlo sin tener que justificar su textura ni renunciar a ella para sentirse aceptada.

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