Los negocios privados en el nuevo entorno monetario y cambiario

Al cierre de este 2020, la economía cubana tendrá su peor resultado desde 1994. Todos los indicadores apuntan hacia una contracción del producto interno bruto (PIB) del orden del 8-10 por ciento. Ello, en medio de una aguda escasez de divisas, ha obligado al recorte de las importaciones, y a la acumulación de impagos con proveedores y acreedores. En este contexto, es impensable que el sector no se vea afectado.

La combinación de medidas restrictivas orientadas al control de la pandemia y la crisis económica, se ha reflejado en la salud de los negocios. Muchos han tenido que cerrar por un largo período, otros han visto disminuidos sensiblemente sus niveles de actividad, e incluso otros pocos, no podrán reanudar sus actividades. Ello afecta no solo a sus dueños, sino a gran cantidad de empleados y sus familias, cuyos ingresos se ven notablemente disminuidos en un período de estrechez económica.   

Como parte de la estrategia anticrisis del Gobierno, y la necesaria aceleración de cambios que forman parte de la Actualización, desde Septiembre de 2020 diversos medios comenzaron a argumentar la necesidad de implementar en el futuro próximo el llamado “ordenamiento monetario”, o sea, la transformación del sistema monetario y cambiario vigente desde 1994. Este se basa en la existencia de dos signos monetarios (peso cubano –CUP- y peso convertible -CUC); múltiples tipos de cambios (dos en el comienzo: el oficial 1 CUP= 1 CUC= 1 USD; y el abierto 25 CUP= 1 CUC a la valoración actual); y controles de cambio (hay restricciones para empresas e individuos en cuanto al volumen de dólares que pueden comprar al cambio vigente, sobre todo para las empresas), y controles estrictos; permitió aislar a los “sectores emergentes” (turismo, exportadores, remesas) de los desequilibrios del segmento que operaba en pesos.

Una característica de aquel sistema es que el sector productivo estatal y los hogares se mantenían operando en circuitos separadas, sin contacto. Por ejemplo, las empresas estatales no concurrían a las casas de cambio a comprar pesos convertibles, aun si tenían liquidez para hacerlo. 

Esta peculiaridad junto a la fragmentación productiva del modelo económico, ha resultado en un estatus singular para el sector privado cubano (cuentapropismo). Por un lado, hasta hace muy poco, sus relaciones con el resto del aparato productivo eran muy escasas, ocasionando el debilitamiento de la integración interna de la economía.

Por otro lado, desde el punto de  vista de las políticas, y en el propio ordenamiento monetario, el sector privado es tratado como parte del sector de los hogares. No hay nada en las cuentas nacionales que permita establecer una diferenciación. Ello ocasiona graves problemas, porque distorsiona las categorías económicas. Un ejemplo es el consumo privado, de cuyo total una parte no despreciable en realidad es consumo intermedio de los cuentapropistas. Aunque los efectos no terminan ahí.

No obstante, más allá de los prejuicios, se pueden apuntar algunos efectos favorables. Muy relevante para el tema en cuestión es el hecho de que ya los negocios privados han alcanzado la viabilidad con un peso devaluado (25CUP=1 CUC), elemento que los diferencia de las empresas estatales. En este sentido están mejor preparados para lidiar con devaluaciones ulteriores. Dicho esto, de acuerdo a la propuesta que se ha explicado por las autoridades, el sector privado debe estar atento a muy posibles impactos negativos, que conviene analizar desde las condiciones particulares de cada negocio y tener listo un plan de contingencias.

En primer lugar, el aumento programado de los precios alcanzará a los insumos del sector, y a servicios que se compran con subsidios, por ejemplo, los servicios públicos como electricidad, agua, gas y telefonía fija. Aunque el gobierno entiende que los precios de los productos del sector tienen que aumentar también, lo cierto es que hay una tensión alrededor de la magnitud de ese ajuste. Las autoridades esperan que sea moderado, para que la inflación global se mantenga dentro de los márgenes calculados ex ante. Esto puede ocasionar pérdida de rentabilidad en algunas unidades.

En segundo lugar, a algunos cuentapropistas les puede resultar difícil traspasar todo el ajuste a los precios, porque ello depende de las características del mercado donde operan. Si la competencia es alta, una parte de esa variación la asume el vendedor. El tercer elemento es que la estructura de costos es diferente de acuerdo a la actividad que se realiza, por lo tanto, el impacto no es homogéneo para todo el sector. Algunos se verán más afectados que otros.

Asimismo, la presión sobre los costos también proviene de los incrementos de salarios en el sector público. A diferencia de este, no hay apoyo presupuestario para los negocios privados. Todos los incrementos deben ser cubiertos con mayores ventas, en un momento en que la demanda se tambalea por la crisis económica. Otra vez, la contracción de la demanda no afecta por igual a todos los negocios.

Desde el inicio de la campaña de comunicación, y la postergación de la fecha de inicio del ordenamiento monetario, se han incorporado otras tendencias que el sector privado debe atender.  Por un lado, los precios han mostrado una tendencia alcista en las semanas recientes. Ello es resultado de la escasez, pero también de las expectativas que se forman los agentes sobre incrementos futuros. La incertidumbre es un pésimo ingrediente en cuestiones monetarias. El sector privado debe estar atento para evitar ser identificado como responsable de esa tendencia.  La inestabilidad de precios complica el escenario para el eventual ajuste.

Otro asunto a vigilar es el del mercado cambiario. Ante el avance de la dolarización, y la inconvertibilidad de las monedas domésticas, la única alternativa es el mercado informal, lo que expone a los negocios a problemas de todo tipo, comenzado por el hecho de que es un delito, y las autoridades no han mostrado tolerancia. Este aspecto debería tener una respuesta positiva con el “ordenamiento”.

En resumen, tanto el contexto económico actual, como algunas medidas de política pueden requerir ajustes ulteriores del sector privado. La reapertura de las fronteras, y la instalación de una administración norteamericana más identificada con las políticas de Obama pueden suavizar el escenario productivo en los próximos meses. No obstante, los desafíos son enormes. ¡Hay que estar preparados e informarse!

Leer más La Columna

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*
Website

Abrir chat
Negolution
Hola 👋 somos Negolution, gracias por visitarnos!
¿En qué podemos ayudarte?