Negocio privado Central Estudio transforma papel desechado en empaques con impacto

Cuba enfrenta una problemática cotidiana con los residuos de papel y los envases de plásticos. Asimismo, desde hace años, tiene una industria de empaques debilitada que obliga a los emprendedores a improvisar con los recursos a su alcance. 

A partir de esa situación, el negocio privado Central Estudio, fundado hace casi un lustro en La Habana como empresa de diseño e impresión, decidió, hace aproximadamente dos años, enfrentar esas dificultades.

¿Cómo lo hizo? En 2024 decidió especializarse exclusivamente en la producción de empaque, envase y embalaje de base papel, así como, en la comercialización de materias primas recicladas para el sector.

De acuerdo con sus representantes, no fue un giro improvisado, resultó una apuesta deliberada, basada en una convicción clara: que el papel que Cuba desecha puede convertirse en industria.

Según explicaron a Negolution el proceso productivo de CTE comienza donde otros terminan, en este sentido, la empresa trabaja con papel reciclado proveniente de la industria nacional: material que estaba destinado a convertirse en desecho, que el emprendimiento clasifica, procesa y reincorpora al ciclo productivo.

Además, importa papel reciclado fabricado no de pulpa de madera virgen, sino de desechos de papel ya utilizados, reduciendo el impacto sobre los recursos naturales. Igualmente, lo que sale del proceso de producción vuelve a entrar por otra puerta.

Como parte de su compromiso circular los residuos generados dentro del propio taller de CTE también tienen un destino: una parte se comercializa, y otra se transforma en asas y materiales de refuerzo que se integran directamente en los empaques y envases que producen.

Mininos Café era un emprendimiento que utilizaba nylon transparente para envasar su producto. Funcional, barato, desechable. Central Estudio les propuso un cambio: empacar en papel kraft biodegradable, con gráfica impresa que comunicara la identidad del negocio. El resultado no fue solo estético.

Este caso ilustra algo que el negocio defiende con convicción: un buen empaque no es un gasto, es una inversión en la imagen, en la diferenciación y en las ventas. Y cuando ese empaque además es biodegradable y producido con materiales reciclados, el impacto trasciende lo comercial.

CTE opera en Playa, La Habana, con un equipo compacto que cubre diseño, producción, administración y comercialización. Los une una metodología compartida: observar, estudiar, analizar, probar y corregir.

De acuerdo con sus impulsores, lo que distingue a CTE no es solo lo que produce, sino la posición que ha decidido ocupar en el ecosistema.

En un contexto donde la crisis energética ha reducido la capacidad de muchos proveedores y donde el acceso a materiales de calidad es un problema cotidiano para cientos de emprendedores, este negocio ha asumido también el rol de comercializador de materias primas.

La lista incluye cartón gris laminado, papel adhesivo, papel cromado y papel kraft, materiales que los pequeños negocios necesitan y que CTE pone al alcance, con la asesoría técnica necesaria para usarlos bien.

Muchos de los clientes que hoy trabajan con este emprendimiento han dado un paso que hace dos años parecía impensable: sustituir el nylon, los termopacks y los envases plásticos por soluciones de papel. No por moda. Por conveniencia, imagen y funcionalidad.

De igual manera, están en proceso de establecer alianzas formales con industrias nacionales que en su momento fueron columna vertebral del sector y hoy llevan años paralizadas o con producción interrumpida, con el propósito de reactivarlas.

La oferta que ponen sobre la mesa incluye actualización tecnológica, dinámica comercial activa, suministro de materias primas, servicios de diseño y creación, facilidades de pago, cobro y logística, así como productos y tecnología propia desarrollada desde la experiencia del taller.

La lógica detrás de esta apuesta es tan sencilla como transformadora: Cuba ya tiene la infraestructura. Lo que hace falta es quien la mueva. CTE no se ve a sí misma únicamente como una empresa productora, sino como un agente dinamizador capaz de conectar capacidad instalada con mercado real.

En el horizonte está también la internalización de la impresión digital. Cuando ese paso ocurra, el ciclo será completo: del papel reciclado al empaque terminado, con diseño, impresión y entrega, todo bajo un mismo techo.

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