¿Por qué es tan popular el Monopoly?

En tiempos de cuarentena y aislamiento social son muchos quienes optan por desempolvar viejos juegos de mesa, y si de ocupar el tiempo se trata, el Monopoly lleva toda la ventaja: largo, entretenido y competitivo.

El Monopoly es uno de los juegos de mesa más populares del mundo. Su sistema de alquileres, construcciones, hipotecas y subastas se asemeja al funcionamiento de una economía capitalista. Sin embargo, pocos conocen que fue creado para concientizar sobre las desigualdades que genera.

Su logotipo con la imagen de un banquero, evoca a muchas tardes alrededor de un tablero con billetes de papel, tarjetas con títulos de propiedad y fichas que representan casas u hoteles. Los participantes más chicos tienen un acercamiento al complejo mundo de las finanzas y los adultos pueden poner en práctica sus habilidades comerciales, sin más riesgo que perder un manojo de papeles.

Pero, ¿ qué hace a este juego tan atractivo? Pues el alto nivel de competencia que genera entre los participantes. Gana quien logra llevar a los contrincantes a la quiebra, comprando estratégicamente propiedades o infraestructuras energéticas y logísticas de una ciudad imaginaria y cobrando rentas por su usufructo. Los jugadores se ven enfrentados a la banca, el pago de impuestos y alquileres, e incluso la cárcel.

Y aunque en cada partida cada uno debe sacar su capitalista más feroz si no quiere ser derrotado, el origen del juego de mesa pretende todo lo contrario: generar conciencia sobre los desequilibrios de un sistema en el que pocas manos concentran la riqueza.

Aunque tradicionalmente se adjudica la autoría del tablero a Charles Darrow, un ingeniero desempleado tras la Gran Depresión de la década de 1930, sus antecedentes se remontan a varias décadas antes, específicamente al año 1902 cuando Elizabeth Magie Phillips creo su primera versión: The Landlord’s Game.

 
El objetivo del juego de Magie era mostrar las diferencias entre ambos modelos económicos. Magie logró patentar su invento en 1905, y muchos años después, en 1936, la empresa impresora de juegos Parker Brothers ofreció comprarle la patente por 500 dólares, a lo que ella accedió.
El juego gozó de gran éxito, y fue modificando sus reglas en Estados Unidos, por distintas comunidades de jugadores, hasta que finalmente Charles Darrow pulió una versión a gusto de todos y vendió la patente como propia, a la compañía Parker Brothers, que lo comercializó con su actual nombre, Monopoly. 

Darrow, quien había conocido el juego de Magie en 1924, patentó asimismo una versión muy modificada que incluía la palabra Monopoly en el centro. Alcanzó una gran popularidad al instante y vendió millones de copias. Sin embargo, cuando Parker Brothers  le compró la patente, la compra inlcluyó pagos por derecho de autor, por lo que a diferencia de Magie, Darrow se hizo millonario.
A más de 100 años de su invención, este juego de mesa sigue captando el interés de toda la familia, pero hoy encarna un espíritu contrario al que impulsó su creación. El debate que la inventora del juego quiso crear, enseñando con una herramienta de entretenimiento la diferencia entre un modelo económico y otro, no llegó a generarse, ya que los jugadores prefirieron, con el tiempo, jugar a derrotar al contrario.

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