Pymes e importaciones: ¿Buenas noticias?

Quienquiera que haya jugado el juego Escaleras y Serpientes puede fácilmente compararlo con la política económica aplicada en Cuba durante los últimos años hacia el sector privado, o no estatal en un sentido más amplio. Sí, porque en este tablero cuando llegas a una escalera, subes y avanzas varias casillas hasta la meta, pero si te topas con una serpiente, desciendes estrepitosamente y pierdes todo tu progreso.

Confieso que cuando escuché a los ministros Alejandro Gil, de Economía, y Rodrigo Malmierca, de Inversión Extranjera, hablar de implementación de las Pequeñas y Medianas Empresas (Pymes) y el proceso de importación/exportación por parte de entidades no estatales, imaginé a estos actores de la economía nacional delante de una de esas escaleras que, por fin, los llevaría al ansiado y necesario desarrollo.

Sin embargo, no podemos olvidar que en fecha tan cercana como el seis de mayo de este año, el diario estatal Granma publicaba un artículo[1] donde tildaba de acercamiento al neoliberalismo la aprobación de las Pymes que tanto académicos como trabajadores privados reclamaban a través de redes sociales. Lo irónico aquí yace en saber que “en 2017, las Pymes de Vietnam eran casi el 98% del número total de las empresas nacionales, contribuyeron al 40% del Producto Interno Bruto (PIB) y al 30% de los ingresos totales del presupuesto, y ofrecieron el 50% de los puestos de trabajo totales”, según apuntes del economista Pedro Monreal.

Este mismo experto usaba su plataforma en Twitter para ilustrar como “en la reforma de las empresas estatales en China se aplicó el principio denominado zhuada fangxiao, que significa retener lo grande y dejar ir lo pequeño. Solamente 97 grandes corporaciones son supervisadas por la agencia de control de activos estatales”. Entonces, si los dos grandes bastiones del socialismo mundial lo implementan desde hace años, ¿por qué Cuba ha demorado tanto?  

En la Mesa Redonda del 16 de julio, el también viceprimer ministro Gil refería que el diseño de la micro, pequeña y mediana empresas siempre estará ajustado a “nuestras condiciones” y no serían exclusivas del sector privado puesto que “estas instituciones pueden funcionar tanto como estatales o privadas e incluso mixtas”. Mientras, no se conoce en qué tipo de actividades económicas serán permitidas ni si se autorizarán actividades de alto valor agregado realizadas por profesionales.      

Para que este nuevo “experimento” funcione, lo primordial es cuán rápido inicie su implementación, ya que por años es sabida “la limitación del Estado cubano para brindar determinados servicios con calidad y mantener simultáneamente el pleno empleo en la economía”, dijo a OnCuba[2] la economista Tamarys Bahamonde; por tanto, y según el criterio del Doctor Jorge Triana, “no hay tiempo para esperar mucho más por las regulaciones sobre pequeñas y medianas empresas; Cuba necesita empleo, inversión nacional y producción”.

Si verdaderamente se quiere avanzar en este sentido, es menester aprobar de inmediato una Ley de Empresas “que otorgue personalidad jurídica a las micro, pequeñas y medianas empresas cubanas. La personalidad jurídica será necesaria para los contratos entre privados y actores estatales, así como para la flexibilización de las exportaciones/importaciones. De la misma forma, regulará la contratación de fuerza de trabajo y los derechos y deberes de los trabajadores”, anota Tamarys Bahamonde.

La economía cubana post Covid-19, y para el futuro cercano, necesita de las Pymes debido al crecimiento neto que le puede aportar y, de acuerdo al profesor Pedro Monreal, “si un porciento de las personas del sector privado se pasara al sector de la pequeña y mediana empresa, simplemente porque eso ofrece un mayor techo de productividad, se podría obtener entre 1,5 y 1,7% adicional de PIB”.

Por otro lado, el tema exportaciones/importaciones pudiera parecer más simple toda vez que entre las nuevas medidas gubernamentales aparece la idea de que la gestión no estatal pueda realizar estos trámites a través de una de las 36 empresas estatales especializadas y, según lo aclarado por el ministro Malmierca, los trabajadores por cuenta propia no tendrán que esperar por la personalidad jurídica o la constitución de las Pymes para exportar. 

Aquellos que siempre han necesitado importar, no solo deberán abonar el precio de la mercancía, el cual se ha dicho que se tomará según el mercado más cercano, sino también otros gastos logísticos, aduanales y de transportación, los cuales se efectuarán a través de cuentas bancarias en Moneda Libremente Convertible (MLC). Para verdaderamente facilitar ambos servicios, Malmierca recalcó que “debemos asegurar las condiciones en las empresas estatales para brindar un servicio de calidad a las formas de gestión no estatal”, pero el impacto que se busca con esta flexibilización puede perderse si luego debe seguirse un proceso burocrático complejo y agónico que desestimule a los implicados.

Aquí tampoco puede obviarse al bloqueo estadounidense, por lo que algunas opiniones en internet sugieren que de permitirse a todos los actores económicos importar y exportar sin la mediación y el posible control de las empresas estatales designadas, resultaría más difícil para la OFAC norteamericana perseguir y regular estas acciones.  

Por muy buenas que parezcan las noticias, por excelentes que suenen las estrategias, el verdadero reto radica en ponerlas a funcionar, en “lograr la coherencia imprescindible y la consistencia en su aplicación. Tiene costos y hay que estar dispuestos a asumirlos”, concluye Jorge Triana, a lo que yo añadiría que, si no se pasa del discurso a la implementación de medidas concretas y duraderas en el tiempo, hablaremos por siempre de simples intenciones.

[1] La “bondad” neoliberal de los entusiastas consejeros. Por Carlos Luque Zayas Bazán. 

[2] Las opiniones de los economistas Tamarys Bahamonde y Jorge Triana, forman parte del artículo Análisis sobre la estrategia económico-social aprobada por el Gobierno cubano (I), publicado por OnCuba el 17 de julio de 2020.   

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