FAMEGA: crear con conciencia

En un local arrendado de 500 metros cuadros estableció Fabián Menéndez su negocio por cuenta propia: un taller de carpintería llamado FAMEGA, por sus iniciales. Aunque para él, más que un negocio es su proyecto de vida.

“En Cuba están habiendo cambios y se están abriendo una serie de posibilidades para que jóvenes como yo emprendan negocios, ya sea en el sector privado o estatal, y se sientan motivados a quedarse en el país, a contribuir en la sociedad con lo que saben, con lo que han aprendido”, afirma Fabián.

En FAMEGA tienen un amplio abanico de servicios, pero priorizan en los últimos tiempos uno con alto impacto social: la fabricación de ayudas técnicas para adultos mayores o personas con dificultades para caminar. Bastones, andadores, burritos, sillas sanitarias, todos muy demandados en el país, que carecen de una oferta en el mercado estatal.

“Lo hacemos con una mirada social, para suplir un poco la necesidad y la escasez que hay de ese tipo de ayudas técnicas en el país, y nos han agradecido muchísimo porque cuesta mucho acceder a un bastón o a una silla sanitaria. A veces hay colas para cuando empiece la fabricación de estas ayudas técnicas, y no todo el mundo llega a adquirirlas”, asegura.

En Cuba, cercana al 22 por ciento de envejecimiento poblacional, la alta esperanza de vida puede traducirse como un logro del sistema social, no obstante, esto supone retos para garantizar la calidad de vida de los adultos mayores. Es por esto que en FAMEGA han concebido la línea de producción de las ayudas técnicas con índices mínimos de ganancias.

“La concepción es no lucrar con el dolor ajeno. El margen de utilidad es muy bajo en este tipo de ayudas técnicas que hacemos, porque tenemos otros productos que suplen un poco el precio de las mismas. Tenemos contrataciones con varias empresas del Estado, y eso ayuda a seguir manteniendo este proyecto que tiene un impacto social. Muchas personas han adquirido nuestros productos, porque están viendo que un Trabajador por Cuenta Propia, un privado, un muchacho joven, aquí en Cuba, puede suplir esa necesidad que tienen ellos para la abuela, para la mamá”.

Para diseñar las ayudas se apoya en los conocimientos de su padre, médico geriatra. Las fabrican de madera, como las usaban sus abuelos, pero con diseños ligeros y fuertes a la vez. Sin embargo, la inestabilidad en el mercado para acceder a las materias primas y a la compra de divisas, son obstáculos que afectan tanto el precio como el alcance de estos productos.

“El principal reto que estamos enfrentando es la adquisición de divisas para la compra de las materias primas, porque todo es importado, en dólares, en moneda dura, entonces esa es una de las cosas que golpea mucho a los emprendedores de cualquier negocio. Hay empresas que importan de todo, en dependencia del negocio que tú tengas, pero hay que tener la moneda dura para poder importar, todo eso sin contar que los precios de las materias primas suben constantemente”, comenta Fabián.

Otro tema que le preocupa es el contrato de arrendamiento con la empresa a la cual pertenece el local donde radica su taller.

“No hemos tenido hasta ahora absolutamente ningún problema, pero es un contrato por cinco años, entonces es la incertidumbre, porque estamos haciendo una inversión grande en el taller, entonces ¿Cómo quedo yo dentro de 5 años, como emprendimiento?”

Fabián es egresado de la Escuela Taller Gaspar Melchor de Jovellanos, de la Habana Vieja. Fue ahí, en la Oficina del Historiador de la ciudad, donde se enamoró de la carpintería. Por eso, dice, sintió la necesidad de retribuir, y hoy acoge en su taller a estudiantes de esta escuela de oficios, para que puedan aplicar en la práctica sus conocimientos.

“Es una manera de agradecer la formación que tuve, y de enseñarles que este oficio se trata de crear, transformar y dar vida. De generar utilidad”.

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