Más allá del reciclaje: la Universidad de La Habana propone una mirada integral a la economía circular
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Por Danay Galletti Hernández
Pensar un producto desde su diseño y no únicamente cuando se convierte en residuo. Conectar conocimientos que suelen permanecer separados. Formar profesionales capaces de incorporar el aprovechamiento de los recursos a sus decisiones. Esas son algunas de las ideas que articulan la propuesta de la Cátedra UNESCO sobre Educación y Desarrollo de Economías Circulares de la Universidad de La Habana, presentada como un espacio de investigación, formación y colaboración con distintos sectores de la sociedad.
Su planteamiento central consiste en abordar la circularidad como un sistema productivo, económico, social y cultural, no como una suma de acciones aisladas. Bajo esa perspectiva, la educación y la gestión deben actuar conjuntamente: una para desarrollar conocimientos y capacidades; la otra, para conectar actores y orientar decisiones.
La iniciativa tiene como titular al doctor en Ciencias Carlos Francisco Lazcano Herrera y como cotitular a la doctora en Ciencias Katy Herrera Lemus. Su lema resume la orientación del proyecto: «La Economía Circular como sistema: educar, gestionar y dirigir para regenerar». Para el ámbito empresarial y emprendedor, la propuesta abre una discusión sobre cómo incorporar esa visión a la organización de los procesos, la formación de los equipos y la relación con otras instituciones.
Una transformación que empieza antes del residuo
Según lo expuesto la economía circular requiere rediseñar desde el origen. Ese punto de partida desplaza la atención desde el destino final de los materiales hacia la manera en que se conciben y gestionan los procesos productivos. No se trata solo de encontrar una utilidad para lo que sobra, sino de revisar cómo se organiza la actividad económica y qué conocimientos intervienen en ella.
La diferencia es relevante para comprender el alcance de la propuesta. Una acción puntual puede resolver un problema específico; una mirada sistémica busca relacionar las decisiones productivas con la formación profesional, la investigación, la cultura organizacional y la gestión. La Cátedra sitúa esa conexión en el centro de su misión y cuestiona las respuestas fragmentadas ante problemas que involucran varias dimensiones.
El enfoque no se limita, además, a la empresa. La presentación incorpora a la universidad, el gobierno y la comunidad como espacios que deben participar en esa transformación. También subraya la necesidad de una ciudadanía activa y de una cultura de colaboración: la transición se concibe como un proceso que requiere capacidades técnicas, pero también cambios en la forma de relacionarse y tomar decisiones.
La universidad como espacio de aplicación
Una de las ideas del proyecto es entender la universidad como un laboratorio viviente: un entorno donde la circularidad se investigue y enseñe, pero también se aplique. El esquema presentado reúne cuatro funciones —aplicar, investigar, integrar y enseñar— bajo el propósito de avanzar hacia una universidad circular y sostenible.
Esa formulación plantea una relación directa entre el conocimiento académico y la práctica institucional. La universidad no aparece únicamente como una entidad que prepara especialistas para actuar fuera de sus instalaciones, sino como un espacio donde pueden conectarse los aprendizajes, la investigación y la gestión. El desafío propuesto es que esas funciones se alimenten mutuamente.
La formación ocupa un lugar central. Entre los objetivos de la Cátedra figuran los programas de pregrado y posgrado, la investigación interdisciplinaria y la preparación de profesionales capaces de diseñar, gestionar y mejorar sistemas circulares. La presentación también asigna importancia a actualizar los currículos y formar a los propios docentes, de manera que los conocimientos puedan trasladarse a distintas especialidades.
No se plantea, por tanto, una competencia reservada a un único perfil profesional. La iniciativa propone un campo de conocimiento transdisciplinario, en el que la capacidad de relacionar saberes resulta tan importante como el dominio de una técnica particular. Desde esa lógica, la educación superior debe preparar a sus egresados para intervenir en la transición desde sus respectivos ámbitos de trabajo.
Una red para conectar conocimientos y soluciones
La presentación incorpora también la Red Universitaria de Gestión para el Desarrollo de la Economía Circular, identificada como REDEC. Su objetivo general es impulsar la transición hacia una economía circular y sostenible mediante una red académica interinstitucional e interdisciplinaria que articule investigación, formación, extensión y comunicación.
La propuesta vincula ese trabajo con modelos de gestión y producción, normas técnicas y mecanismos de certificación. El propósito declarado es generar soluciones sostenibles y competitivas que contribuyan al desarrollo institucional y territorial.
Entre las líneas previstas se encuentran los programas académicos sobre economía circular y estándares ISO, los encuentros científicos y de buenas prácticas, y el fortalecimiento de grupos científicos estudiantiles orientados a la investigación aplicada y la transferencia de conocimientos. También se propone formalizar alianzas con entidades certificadoras, especialistas y organizaciones nacionales e internacionales.
Para los emprendimientos, el interés de ese diseño reside en la posibilidad de conectar necesidades de gestión o producción con capacidades académicas. Sin embargo, aún no se establece una convocatoria específica para empresas ni se detalla procedimientos de incorporación. Describe una orientación de colaboración y transferencia, no una cartera de servicios empresariales ya disponible.
Otra línea de la red es la comunicación. Se prevé desarrollar plataformas digitales y repositorios de acceso abierto para compartir datos, experiencias, aprendizajes y casos de éxito. La intención es que el conocimiento circule y sirva de base para nuevas colaboraciones, en lugar de permanecer limitado a cada institución participante.
Gestionar también significa conectar
La figura del directivo ocupa un lugar destacado en la propuesta. En este sentido, la conexión entre las dimensiones económica, cultural y científica no ocurre de manera automática: necesita una gestión capaz de integrar actores, procesos y objetivos. Desde esa perspectiva, dirigir implica también tender puentes entre áreas que suelen trabajar separadamente.
La convocatoria incluye expresamente a directivos universitarios, empresariales y gubernamentales, así como a estudiantes y emprendedores. A todos les atribuye una responsabilidad en la toma de decisiones que favorezcan la colaboración interdisciplinaria y la alineación de los procesos con los objetivos del desarrollo sostenible.
Ese énfasis introduce una cuestión de interés para los negocios: incorporar la circularidad no se presenta como una tarea exclusiva de un área ambiental o de un especialista externo. La propuesta la relaciona con la manera de conducir la organización. Su coherencia dependería de que los conocimientos y las decisiones de distintos espacios pudieran articularse alrededor de objetivos comunes.
La dimensión ética acompaña ese planteamiento. Los impulsores insisten en la formación de las nuevas generaciones no solo en las técnicas, sino también en la responsabilidad de aprovechar los recursos y evitar su desperdicio. La educación se entiende así como una vía para desarrollar capacidades profesionales y, al mismo tiempo, una cultura de actuación.
Cooperación con alcance territorial e internacional
Entre los objetivos de la Cátedra se encuentran las alianzas con instituciones nacionales e internacionales, el intercambio académico y profesional y la cooperación con otras Cátedras UNESCO y redes UNITWIN. La propuesta busca conectar a investigadores y docentes de la institución anfitriona con especialistas de Cuba, de la región y de otras partes del mundo.
Esa proyección internacional convive con una orientación territorial. Tanto la Cátedra como la red universitaria sitúan la aplicación de conocimientos y la colaboración con la comunidad entre sus prioridades. Por tanto, se propone desarrollar investigaciones sobre desafíos sociales, económicos y ambientales y promover espacios de divulgación que contribuyan a la adopción de prácticas y políticas de economía circular.
El paso de esa agenda a resultados verificables será una de las cuestiones que habrá que seguir: qué investigaciones se transfieren, qué alianzas se concretan, cómo se incorporan las organizaciones y de qué manera se evalúan los cambios. Por ahora, la propuesta sitúa la economía circular más allá del reciclaje y coloca en primer plano una tarea de gestión: conectar educación, conocimiento y decisiones productivas para aprovechar mejor los recursos.