“Tocar las manos ajenas, la tierra y el cielo”

Si tienes un sueño y tienes miedo, la única solución entonces es sobrepasar este último. Tenía 6 años cuando vio por primera vez Flash Dance, una película de baile que hizo que en una semana estuviese inscrita en clases de ballet clásico, que se extenderían también por 6 años.  Debido a su estatura fue seleccionada para el equipo de balonmano de la escuela, “creo que fue uno de mis primeros pasos en cuanto a la disposición a la versatilidad”, estos son algunos de los hitos que marcan la infancia de Sandra Lópes, la protagonista de esta historia.

“Siempre fui una niña con muchas inquietudes y motivaciones”, afirma. Su trayectoria de vida no es nada lineal, estudió Ingeniería Biológica, se especializó en Medio Ambiente, trabajó 15 años en una Organización No Gubernamental y ayudó a fundar Fábrica de Arte Cubano.

Entró a la universidad, obsesionada con salvar el planeta y su carrera se basó en ello. Recién terminada esta etapa, comenzó a trabajar en Deloitte, una multinacional que necesitaba personal para el departamento de Management Solutions.

Probablemente muchos de los jóvenes contemporáneos aspiraban a un trabajo parecido luego de culminar sus estudios universitarios, “creo que podía ser un sueño para todos; pero la verdad, dentro de ese mundo eres solo un número, si bien aprendes, también es un medio hostil donde vives para trabajar, no trabajas para vivir. Realmente no era feliz, me sentía ahogada”.

Actualmente no ejerce como ingeniera, tampoco es bailarina o deportista pero cada una de esas aptitudes le ha ofrecido las herramientas para fomentar quien es hoy.

Llego a Cuba gracias a Deloitte, aun cuando tomaba una de las decisiones más difíciles de su vida, apartarse de la organización. Aquello significaba dejar toda una vida estable y quedarse en el vacío, “muchos pensaron que estaba loca, pero yo estaba clara de que ese no era el camino que yo quería, y realmente estaba feliz”.

Su interés por la naturaleza la hizo enviar su currículum a Oikos, una organización portuguesa con sede en Cuba, interesada en la realización de proyectos de energías renovables; y fue aceptada al instante. Fue así como pasó los siguientes quince años de su vida, al servicio de la humanidad.

“Fue un salto importante y también muy difícil. No conocía a nadie aquí y dejé todo atrás, mi familia, mis amistades, no sabía cómo funcionaba el país. Fueron los 6 meses más complicados, empecé como voluntaria y terminé 15 años después como representante mundial de la organización”

“El machismo es real y las mujeres tienen por ello un desafío adicional, aunque yo he intentado ir por la vida segura de mis capacidades. Cuando crees en aquello que haces, no hay machismo que te venza”. Agrega haber aprendido sobre empatía, “tienes que saber dónde estás ubicada y cómo lidiar con el resto, debes tocar las manos ajenas, la tierra y el cielo”.

Para 2012 tuvo entonces una revolución emocional; pudiera decirse que volvió a suceder lo que, con Deloitte, que a veces una siente que ya no puede hacer más y su vida se ve sumida en lo profesional e incluso tiende a olvidar la necesidad afectiva, “yo misma me he congelado muchas veces en lo profesional y el amor en ese momento, me renovó”.

El contexto cubano de aquel momento facilitó la apertura de Fábrica de Arte Cubano, ya ella lo había soñado pero X lo tenía claro. “Fábrica ha sido un poco nuestra hija y es tan gratificante ver un sueño cumplido”…

Ahora mismo, su proyecto más ambicioso es ser mamá de una pequeña de 3 años llamada Mar y siente que es el proyecto del cual más ha aprendido y aprende. “Mi reto más grande es que sea una mujer con todos los valores, que luche contra la corriente y que sea fuerte. Soy feliz, simplemente”.

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